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sábado, 23 de abril de 2016

La CIA frente a Cuba desde 1959: Eliminar a Fidel, Raúl y Che

Foto tomada de Cuban History Gallery.
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Desde mucho antes del triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959, los servicios de inteligencia estadounidenses asumieron como tareas prioritarias impedir la victoria de las fuerzas revolucionarias y el asesinato del Comandante en Jefe Fidel Castro.
Ya, por ejemplo, desde 1958, en los momentos en que Fidel estaba en la Sierra Maestra, el coronel Joseph Caldwell King, jefe de la Sección del Hemisferio Occidental de la CIA a cargo de las operaciones cubanas, en unión de William Pawley, exembajador norteamericano en Brasil, Perú y amigo del dictador Fulgencio Batista, habían planeado algunas medidas para obstaculizar el avance de las fuerzas revolucionarias y el asesinato del líder cubano. Objetivo: evitar que llegara al poder, para lo que habían activado plenamente a la Estación en La Habana encabezada por James A. Noel, quien desarrolló una intensa actividad subversiva contra Cuba y ocupó este cargo hasta el cierre de la sede diplomática en enero de 1961.
En diciembre de 1958, es detenido en la Sierra Maestra el ciudadano Alan Robert Nye portador de un fusil con mira telescópica, quien había sido enviado por el Gobierno yanqui con la misión de asesinar a Fidel.
Desde el comienzo mismo del triunfo revolucionario empiezan los encontronazos con Estados Unidos y se intensifican las maniobras conspirativas para descabezar a la Revolución triunfante.
En sus memorias Los años de la Casa Blanca, publicadas en 1966, el presidente de los Estados Unidos en aquel período, Dwight D, Eisenhower, reconoció: “En cuestión de semanas, después que Castro entrara en La Habana, nosotros, en el gobierno, comenzamos a examinar las medidas que podían ser efectivas para reprimir a Castro”.
El 21 de enero de 1959, trece días después de su entrada triunfal en La Habana, en una magna concentración popular en el Palacio Presidencial, Fidel dijo: “Para tomar las medidas de precaución, porque aquí hay que estar prevenidos contra todo, le voy a proponer a la Dirección del Movimiento 26 de Julio, que designe al compañero Raúl Castro, Segundo Jefe del Movimiento 26 de Julio. Lo hago, no porque sea mi hermano –que todo el mundo sabe cuánto odiamos el nepotismo– sino porque, honradamente, lo considero con cualidades suficientes para sustituirme en el caso de que yo tenga que morir en esta lucha; porque, además, es un compañero de muy firmes convicciones revolucionarias, que ha demostrado su capacidad en esta lucha, que fue de los que dirigió el ataque al Moncada, de los que estuvo dos años en la cárcel, de los que organizó el Segundo Frente Frank País, y de los que han dado relevantes pruebas de capacidad como organizador y como líder”.
Y siguió advirtiendo: “Ojalá que en este caso no se hubiese tratado de un hermano mío, ojalá hubiese sido otro para que no cupiera la menor sospecha de que se trata de favorecer a un familiar. Digo, en primer lugar, que así no se favorece a nadie, porque la patria para nosotros es agonía y deber, no placer, no vanidad, no satisfacciones de tipo personal; para nosotros este trabajo es el trabajo de un esclavo que sabe servir a su pueblo; para nosotros, ser líder es ser sacrificado; para nosotros ser líder no es aspirar al poder, que todo el mundo sabe que yo renuncié al poder hace mucho tiempo, que todo el mundo sabe el desinterés con que he luchado y que soy de los hombres que sostengo que ningún hombre es imprescindible [… ] Y al plantear aquí que considero que el compañero Raúl Castro podría sustituirme en este caso, no es que yo decida unilateralmente, sino yo quiero consultar con el pueblo si está de acuerdo”. (Exclamaciones de ¡Sí!).
“Pues ya lo saben mis enemigos: ¡Me pueden agredir cuando quieran, que no hay problemas! Y, además, si agredieran también a Raúl, ¡detrás de él vendrá otro, y detrás otro, y detrás otro y detrás otro!, que al pueblo de Cuba en esta lucha no le faltará ni líder ni pueblo, porque todo estará prevenido. Los que supimos ganar la guerra contra todos los recursos, sabremos también ganar la Revolución contra todos los enemigos que se pongan delante”.
En un balance de la evolución de las relaciones bilaterales desde enero de 1959 presentado ante el Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos, Roy Rubottom, secretario asistente para Asuntos Interamericanos, las resumió así:
“El período de enero a marzo puede ser caracterizado como la luna de miel con el gobierno de Castro. En abril se hizo evidente un giro descendente en esas relaciones… En junio habíamos tomado la decisión de que no era posible alcanzar nuestros objetivos con Castro en el poder y acordamos acometer el programa referido por Mr. Marchant (subsecretario Livingston Marchant). En julio y agosto habíamos estado delineando un programa para reemplazar a Castro”.
Livingston Marchant, para justificar sus medidas punitivas, manifestó en esa sesión del Consejo de Seguridad Nacional que el caso Cuba era uno de los más peligrosos y difíciles respecto a las relaciones de Estados Unidos con América Latina.
El programa para reemplazar a Castro tenía dentro del plan una reaccionaria campaña contra el comunismo, mientras la propaganda contrarrevolucionaria pretendía menguar la influencia popular de Raúl y el Che, atacándolos como los dirigentes revolucionarios más proclives a los comunistas. Sin duda, eran los de las ideas más radicales, con honda formación marxista y partidarios decididos de avanzar rápidamente hacia el socialismo.
La presencia del Che Guevara en sectores económicos estratégicos como el sector bancario, primero, y, luego, la dirección del incipiente desarrollo industrial, junto a sus primeras actividades internacionales a mediados de 1959, tensaron a los sectores gobernantes estadounidenses y a la contrarrevolución.
Después, como explican Luis M. Busch y Reinaldo Suárez en su libro Gobierno Revolucionario Cubano Primeros pasos, las necesidades de la defensa de la Revolución hacían imperativa una reestructuración militar profunda, que garantizara la identificación plena de los institutos armados con la ciudadanía, una economía administrativa y de dirección y una verdadera unidad de mando y acción.
Es así como se crea el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias el 21 de octubre de 1959. “El comandante del Ejército Rebelde que reunía todas las cualidades y aptitudes para dirigir tal tarea era, sin lugar a dudas, Raúl Castro Ruz. En pocos meses de lucha guerrillera, había conformado en las montañas más orientales de Cuba un frente meticulosamente organizado y eficaz, en lo militar y lo civil. Virtualmente, un Estado en armas, con hospitales y gestiones administrativas, de educación, comunicaciones e industrias, administración de justicia y arbitraje. Había dado pruebas inequívocas de una habilidad especial de mando y organización”, reseñan ambos autores.
Raúl, al asumir el mando, es enfático en los principios que se persiguen con la concepción de la nueva institución militar: “No estaremos jamás satisfechos hasta que por nuestra organización y contando siempre con la indestructible colaboración del pueblo de Cuba, nuestro país esté en condiciones de hacerse respetar militarmente por pequeños y poderosos”.
Por esos días concluyeron en fracaso los intentos del gobierno estadounidense por aupar fuerzas alternativas a la dirección revolucionaria al frustrarse las traidoras tentativas del entonces comandante Hubert Matos, como antes habían sido un fiasco la traición del comandante Pedro Luis Díaz Lanz –jefe de la fuerza aérea rebelde–, el descalabro de la conspiración trujillista o la crisis nacional que concluyó con la salida del núcleo reaccionario del primer Gobierno Revolucionario, incluido el presidente Manuel Urrutia.

Intensa y descomunal actividad subversiva contra Cuba

En 1975, a partir de informaciones desclasificadas y los testimonios o comparecencias en audiencias, se elaboró un informe del Comité Selecto del Senado de los Estados Unidos que estudió las operaciones relacionadas con las actividades de inteligencia, más conocido por el Informe de la Comisión Church, pues dicho comité estuvo presidido por el senador Frank Church.
Por esas informaciones desclasificadas y testimonios pudieron conocerse en detalle algunas de las operaciones encubiertas de la CIA para atentar contra la vida de los principales dirigentes de la Revolución Cubana. Después de haber hecho el análisis operativo de la Revolución, expresar sus preocupaciones sobre el fortalecimiento del proceso y medidas para destruirla, el 11 de diciembre de 1959, el coronel J.C. King envió un memorándum a Allen Dulles, director de la CIA, en el que planteaba que en Cuba ahora había una dictadura de “extrema izquierda” que “si” se le permitía continuar, alentaría acciones similares contra posiciones estadounidenses en otros países latinoamericanos.
Una de las cuatro “Acciones Recomendadas” por King era considerar seriamente la eliminación de Fidel Castro: “Muchas personas informadas creen que la desaparición de Fidel aceleraría grandemente el derrocamiento del gobierno actual”.
En uno de los márgenes del documento hay una nota escrita a mano donde Dulles indica que con el asentimiento de Richard Bissell, un exprofesor de economía que fungía como subdirector de planes de la CIA, aprobó las recomendaciones. A partir de ese instante se intensifican todos los esfuerzos por descabezar el país.
En enero de 1960 se organizó la Rama 4 (WH-4) de la División del Hemisferio Occidental de la CIA como un equipo especial para dirigir la operación cubana, con la principal “[…] misión de derrocar al gobierno de Castro […]” y tenía bajo su responsabilidad la Oficina Cuba en el cuartel general de la CIA, incluyendo el apoyo a su estación radicada en la sede diplomática en La Habana.
La cadena de mando dentro del cuartel general la integraban el director de Inteligencia, Allen Dulles, el vicedirector de Planes señor Richard M. Bissell, el jefe de la División del Hemisferio Occidental J. C. King y el jefe de la Fuerza de Tarea, Jacob D. Esterline.
Según el informe de la Comisión Church, el 13 de enero de 1960, Dulles, en lo que aparentemente fue la primera discusión del Grupo Especial sobre un programa clandestino para derrocar a Castro, “observó la posibilidad de que a la larga Estados Unidos no podría tolerar el régimen de Castro en Cuba, y sugirió la planificación de contingencias secretas para lograr la caída del gobierno de Castro…”.
Una de las acciones fue mediar en cuanta gestión hiciera el Gobierno Revolucionario cubano para impedirle el aprovisionamiento de armas para llevar adelante su política de creación de las milicias populares. El 4 de marzo de 1960 ocurre el monstruoso sabotaje al barco francés La Coubre, que trajo desde Bélgica un cargamento de 70 toneladas de armas y municiones y cuyas explosiones provocaron alrededor de 100 muertos y unos 400 heridos.
El acto terrorista concebido por la CIA, cuyos documentos 51 años después siguen clasificados, había previsto que tras el primer estallido, los principales dirigentes de la Revolución seguramente acudirían de inmediato al lugar del siniestro y esa era la oportunidad de producir el segundo bombazo para acabar con ellos.
Fidel llegó a la conclusión de que a partir del criminal sabotaje de La Coubre la agresión contra la Revolución se desencadenaría en grandes magnitudes y aceleró su estrategia de preparación del pueblo para hacerle frente, resistirla y derrotarla.
El informe de la Comisión Church ratifica esa apreciación y demuestra que el Gobierno de Eisenhower andaba a la búsqueda de pretextos
Según memorándum de una reunión el 9 de marzo de 1960, cinco días después de La Coubre, el coronel J.C. King, dijo ante al Grupo Especial que estaba a cargo de las operaciones cubanas que había “pruebas crecientes de que ciertos ‘jefes’ del gobierno de Castro han estado presionando por un ataque contra las instalaciones de la Armada de Estados Unidos en la bahía de Guantánamo y dijo que de hecho es posible atacar las instalaciones”.
Y de acuerdo con el propio memorándum “el coronel King declaró (…) que a menos que se eliminase a Fidel, Raúl y al Che Guevara, todos juntos –lo cual es poco probable– esta operación podría ser un asunto largo y trabajoso y solo se derrotaría al gobierno actual por medio de la fuerza”.
En el informe del comité senatorial se describen también otros tópicos de una reunión celebrada al día siguiente, 10 de marzo, del Consejo de Seguridad Nacional, en la cual se discutió la política estadounidense de “llevar a otro gobierno al poder en Cuba”.
Las actas de esa reunión informan que el almirante Arleigh Burke, jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas yanquis, entendía que se necesitaba un dirigente cubano alrededor del cual pudieran agruparse los elementos contrarios a Castro. “El señor Dulles dijo que existían algunos dirigentes contrarios a Castro, pero que actualmente no se encontraban en Cuba, y él se preguntaba qué podríamos hacer ante una situación de esa índole (…); informó que se estaba trabajando en un plan para cambiar la situación en Cuba. El almirante Burke sugirió que cualquier plan para la sustitución de los dirigentes cubanos debía ser llevado hasta sus últimas consecuencias, ya que muchos de los dirigentes cercanos a Castro eran incluso peores que Castro”.
La Comisión Church describe otra reunión del Grupo Especial en la Casa Blanca el 14 de marzo de 1960, a la cual asistieron Allen Dulles y el coronel J.C. King.
De acuerdo con el testimonio senatorial en los documentos desclasificados 15 años después, las actas archivadas de esa reunión informaban que hubo una discusión general en cuanto a cuál sería el efecto sobre la situación cubana de desaparecer simultáneamente Fidel, Raúl Castro y Che Guevara. El almirante Burke dijo que el único grupo organizado en Cuba en estos momentos eran los comunistas y que por lo tanto existía el peligro de que pasaran a tomar el control. El señor Dulles fue de la opinión que esto quizás no fuese desventajoso ya que facilitaría una acción multilateral por parte de la OEA. El coronel King dijo que había pocos dirigentes identificados hasta ahora capaces de hacerse cargo de la situación.
El 17 de marzo de 1960, el presidente Eisenhower dio luz verde al programa de actividades encubiertas contra Cuba.
(Tomado de Bohemia)

viernes, 1 de abril de 2016

El gran error de Obama: Pedir a los cubanos que olvidaran su historia.

Por Edmundo García

El mundo aguardaba, expectante, el anunciado discurso del Presidente Obama en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. Contrariamente a lo que propagó la extrema derecha, por estos días más rencorosa y envidiosa de lo habitual por todo lo que está sucediendo en Cuba, el Presidente de los Estados Unidos se expresó con total libertad. Sus palabras tuvieron una gran repercusión y se interpretaron en muchos sentidos; incluyendo los opuestos.
Las autoridades cubanas fueron respetuosas y la delegación oficial que se encontraba en el Gran Teatro, encabezada por el Presidente Raúl Castro Ruz, se puso de pie al concluir la pieza oratoria del invitado y lo saludó comedidamente, con los aplausos que indica el protocolo y el buen gusto.
Quienes revisaron la prensa escrita y los comentarios en los medios de difusión cubanos, pudieron comprobar la existencia de una respuesta general sobre algunos puntos del discurso de Obama que no fueron frontales, ni totalmente claros, y cuya ambigüedad permitía interpretarlos como una intromisión en los asuntos internos de Cuba. Ya se sabe lo celoso que es el pueblo cubano con su soberanía; hasta los gestores del injerencista plan “Zunzuneo” reconocieron con impotencia que los cubanos hacían críticas y chistes políticos, pero si los hacía el extranjero se le reviraban. No hay que equivocarse: Cuba es profunda y es exigente.
Al dejar La Habana el martes 22, el presidente Obama se dirigió a Argentina donde repitió algunas de sus ya repetitivas frases sobre el futuro, la nueva época, el cambio, el sí se puede; sin que mencionara el actual contexto argentino, donde un gobierno “viejoliberal” está llevando al despido de maestros, bibliotecarios, trabajadores de televisiones y teatros; a la vez que disfruta del beneplácito del gran capital internacional y los agroexportadores antinacionales.
Como si de repente se hubiera olvidado de algunas de las cosas que dijo en Cuba, como si no recordara que durante su estancia en La Habana el Secretario de Estado John Kerry sostuvo conversaciones con las partes comprometidas con el logro de la paz en Colombia, el presidente Obama prometió apoyar al derechista Mauricio Macri para que se convirtiera en un líder de influencia continental, para que lleve adelante en la región esa política “impresionante”, que fue como Obama calificó a los primeros cien días de Macri en el gobierno. Ya varios periodistas han advertido que en algunos conatos contra los presidentes Nicolás Maduro y Evo Morales, se pudieron ver personas portando carteles que decían “Viva Macri”.
Recuerdo esto para que se tenga una idea del ambiente de desconcierto que existía en los medios políticos, en la prensa y en las redes sociales sobre el alcance real de las declaraciones de Obama en sus viajes a Cuba y Argentina; cuando este lunes 28 de marzo aparece el esclarecedor artículo del Comandante en Jefe Fidel Castro “El hermano Obama”, que puso las cosas en su sitio. Califico el artículo como esclarecedor por la autoridad histórica, política y moral de quien lo firma, pero también porque a diferencia de otras opiniones sobre el discurso de Obama en La Habana, la opinión escrita de Fidel no se pierde en devaneos, no titubea ni se enreda en si va a molestar a este o al otro. Fidel, como siempre, con una prosa preclara, revela lo que hay escondido y opina desde la historia y con sentido de futuro.
Y por ahí empieza Fidel, por la historia. Porque no hay futuro sólido si no se construye sobre la experiencia; y no hay historia edificante si no se busca y se dice la verdad. La visión de Fidel es en este aspecto muy distinta, mejor dicho opuesta, a la sugerencia de Obama sobre olvidar el pasado para construir el futuro. No, para nada, no se puede construir el futuro si no se tiene en cuenta el pasado. Integralmente, que es lo que señala Fidel a Obama, quien olvidó mencionar la explotación y exterminio de los pueblos nativos, tanto de Cuba como de Estados Unidos, a mano de los llamados “conquistadores”.
Las fuerzas progresistas en Argentina también le exigieron a Obama respeto por la verdad histórica. Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, y otros líderes le pidieron que hablara sobre el papel de Estados Unidos en el sostenimiento de las dictaduras militares en Argentina y en América Latina en general. Obama respondió con algunas de esas evasivas a que ya nos tiene acostumbrados. Pero de una cosa sí se puede estar seguro: Obama se llevó el convencimiento de que ni Cuba, ni Argentina, ni América Latina están dispuestas a construir una relación con Estados Unidos que pase por el olvido de la historia. No lo va a lograr Estados Unidos aunque Macri censure a Telesur en Argentina, o quiera salirse de los organismos de integración que han creado los políticos progresistas latinoamericanos.
El periódico Granma publica hoy martes una nota de la redacción internacional titulada “Artículo de Fidel recorre el mundo”, donde reseña parte de las repercusiones que ha tenido la reflexión “El hermano Obama”. No podía ser de otro modo. Fidel lleva tiempo tratando de tú a tú con políticos norteamericanos; conoce muy bien la cultura, la geografía, la psicología social de Estados Unidos.
Hay un pasaje en el artículo de Fidel que es toda una lección para aquellos a quienes nos gusta estudiar y polemizar. Fidel cita primero, brevemente, una frase del discurso de Obama; frase que como recordarán fue aplaudida “disciplinadamente” por algunos de los presentes en el Gran Teatro de La Habana. Dice esa frase de Obama: “Es hora ya de olvidarnos del pasado, dejemos el pasado”.
Y es entonces cuando Fidel, que debatiendo es un especialista, aprovecha para lograr un párrafo de máximo alcance, estratégico: “Se supone que cada uno de nosotros corría el riesgo de un infarto al escuchar estas palabras del Presidente de Estados Unidos. Tras un bloqueo despiadado que ha durado ya casi 60 años, ¿y los que han muerto en los ataques mercenarios a barcos y puertos cubanos, un avión de línea repleto de pasajeros hecho estallar en pleno vuelo, invasiones mercenarias, múltiples actos de violencia y de fuerza?
Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura.
Advierto además que somos capaces de producir los alimentos y las riquezas materiales que necesitamos con el esfuerzo y la inteligencia de nuestro pueblo. No necesitamos que el imperio nos regale nada.”
Si alguna prueba faltara para mostrar los dobleces del discurso del presidente Obama, se ha publicado el dato de que solo unas hora después de que se despidiera del pueblo y las autoridades cubanas, el Departamento de Estado anunció un programa que destina 800 mil dólares para formar líderes ilusos para cambiar al gobierno al que supuestamente Obama le está proponiendo trabajar juntos para edificar un mejor futuro para sus pueblos.
Así de sorprendente suele ser la historia: Quien ha sepultado para siempre a la falsa oposición pagada desde el extranjero fue el propio presidente Obama cuando pidió a los cubanos que olvidaran su historia. Un desliz, un error irreparable. Y no hubo entre sus asesores expertos en Cuba uno solo que se lo advirtiera.

jueves, 24 de marzo de 2016

Obama y la economía cubana: Entender lo que no se dijo

"Viva Cuba Libre", en en una calle de La Habana, este 22 de marzo de 2016. Foto: Desmond Boylan/ AP
“Viva Cuba Libre”, en en una calle de La Habana, este 22 de marzo de 2016. Foto: Desmond Boylan/ AP
Tuve la oportunidad de participar en varios encuentros con la delegación que acompañó al Presidente Obama y escucharlo en tres intervenciones; y siento ahora el deber de compartir con mis compañeros lo que interpreté de lo que se dijo, y también de lo que no se dijo, pues en política lo que se deja de decir suele ser tan importante como lo que se dice.
Hay dos direcciones complementarias de pensamiento para interpretar esta visita y todo el proceso de intento de normalización de las relaciones: interpretar lo que significa para una valoración del pasado, e interpretar lo que significa para una proyección hacia el futuro.
De cara al pasado es evidente que el proceso de normalización recién iniciado en las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos hay que interpretarlo como una victoria mayúscula del pueblo revolucionario y socialista cubano, de sus convicciones, de su capacidad de resistencia y sacrificio, de su cultura, de su compromiso ético con la justicia social; así como también como una victoria de la solidaridad con Cuba de América Latina.
Hay cosas que nos resultan tan evidentes a los cubanos que a veces olvidamos subrayarlas.
  • Se inició esta normalización en vida de la generación histórica que hizo la Revolución, y conducida por líderes de esa misma generación.
  • Implicó un reconocimiento de la institucionalidad revolucionaria cubana, reconocimiento que no hubo hacia el Ejército Libertador en 1898, ni hacia el Ejército Rebelde en 1959 (si lo hubo, sin embargo, hacia las dictaduras de Gerardo Machado y Fulgencio Batista).
  • Incluyó un reconocimiento explícito de los logros de la Revolución, al menos en Educación y Salud (que fue lo que se mencionó)
  • Incluyó un reconocimiento explícito a la ayuda solidaria de Cuba hacia otros pueblos del mundo, y su aporte a causas nobles tales como la salud mundial, y la eliminación del apartheid en África.
  • Incluyó una aceptación explícita de que las decisiones sobre los cambios y los modelos socioeconómicos en Cuba corresponden exclusivamente a los cubanos, que tenemos (hemos ganado) el derecho a organizar nuestra sociedad de manera diferente a como otros lo hacen.
  • Implicó la declaración del abandono de la opción militar y subversiva, así como la intención de abandonar la coerción, como instrumentos de la política norteamericana hacia Cuba.
  • Expresó el reconocimiento del fracaso de las políticas hostiles contra Cuba de las administraciones precedentes, lo que implica (aunque no fuese declarado así) el reconocimiento de resistencia consciente del Pueblo Cubano, ya que las políticas hostiles solamente fracasan ante las resistencias tenaces.
  • Reconoció el sufrimiento que el bloqueo ha causado al Pueblo Cubano.
  • No partió este proceso de concesiones cubanas en uno solo de nuestros principios. Tampoco en los reclamos de cese del bloqueo y devolución del territorio ilegalmente ocupado en Guantánamo.
  • Incluyó el reconocimiento público de que los Estados Unidos estaban aislados en América Latina y en el mundo por su política hacia Cuba.
No creo que haya nadie medianamente lúcido e informado en el mundo que pueda interpretar este proceso de normalización en curso como otra cosa que no sea una victoria de Cuba en su diferendo histórico con los Estados Unidos.
De cara al pasado es esa la única interpretación posible.
Ahora bien, de cara al futuro las cosas son más complejas, y hay al menos dos interpretaciones extremas posibles, y sus variantes intermedias:
  • La hipótesis de la conspiración perversa
  • La hipótesis de las concepciones divergentes sobre la sociedad humana
En las calles de Cuba se discute hoy sobre ambas. Alerto al lector en este punto que no voy a argumentar por ahora a favor o en contra de una de estas dos hipótesis, o de las combinaciones diversas de ambas. Los acontecimientos futuros se encargarán de hacerlo, y cada cual sacará “sus propias conclusiones” en este “pasaje a lo desconocido”.
Quienes se adhieren a la hipótesis de la conspiración perversa ven las palabras del Presidente Obama como una falsa promesa o un sutil engaño que responde a un plan concebido para que abramos las puertas al capital norteamericano y a la influencia de sus medios de comunicación; para que permitamos la expansión en Cuba de un sector económicamente privilegiado, que con el tiempo se iría transformando en la base social de la restauración capitalista y el renunciamiento a la soberanía nacional. Serían los primeros pasos del camino de retorno hacia la Cuba de ricos y pobres, dictadores y mafiosos, que teníamos en los años 50.
Los cubanos que piensan así, tienen derecho a hacerlo: hay muchos hechos en la historia común que justifican esa enorme desconfianza. Son conocidos y no necesito enumerarlos aquí.
Mucha gente recuerda la famosa frase atribuida al Presidente Franklin D. Roosevelt cuando dijo del dictador nicaragüense Anastasio Somoza: Tal vez Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.
Ciertamente ni el Presidente Obama, ni las actuales generaciones de norteamericanos de buena voluntad (que hay muchos) tienen la culpa, como personas individuales, de las primeras etapas de esa trayectoria histórica. Pero también es innegable que  esa historia está ahí, y que impone condicionamientos a lo que ellos pueden hacer, y a nuestra manera de interpretar lo que ellos hacen. Los procesos históricos son mucho más largos que una vida humana, y eventos ocurridos hace muchas décadas influyen en nuestras opciones de hoy, porque condicionan actitudes colectivas que tienen una existencia objetiva, relativamente independiente de las ideas y las intenciones de los líderes.
Aún distanciando al Presidente Obama de las políticas agresivas e inmorales de administraciones precedentes, que organizaron invasiones, cobijaron terroristas, estimularon asesinatos de líderes cubanos e implementaron el intento de rendir por hambre al Pueblo Cubano; aún estableciendo esa distinción, no se puede olvidar que Obama solo no es la clase política de los Estados Unidos. Hay muchos otros componentes del poder ahí, que siempre han estado presentes, lo están hoy, y lo estarán cuando termine el mandato de Obama dentro de algunos meses, y en el futuro previsible. Los estamos viendo en la campaña electoral en curso.
Para ser honesto con todo el que lea esta nota, debo reconocer que el Presidente Obama no dio aquí la impresión de ser el articulador de una conspiración perversa, sino la de ser un hombre inteligente y culto, que cree en lo que dice. Lo que sucede entonces es que las cosas en las que él cree (con todo su derecho) son diferentes a las que creemos nosotros (también con todo nuestro derecho).
Esa es la segunda hipótesis, la de las concepciones divergentes sobre la sociedad humana, las cuales fueron muy evidentes en todos los momentos de la visita a Cuba del Presidente Obama y su delegación, en todo lo que se dijo, y también en lo que se dejó de decir.
Fue muy claro que la dirección principal de la relación de los Estados Unidos con Cuba estará en el campo de la economía, y dentro de este, la estrategia principal será relacionarse con el sector no estatal y apoyarlo.
Fue muy claro, en el discurso y en los mensajes simbólicos, en tomar distancia de la economía estatal socialista cubana, como si la propiedad “estatal” significase propiedad de un ente extraño, y no propiedad de todo el pueblo como realmente es.
En la necesidad de que exista un sector no estatal en la economía cubana no tenemos divergencias. De hecho la expansión del espacio de los cuentapropistas y las cooperativas es parte de la implementación de los Lineamientos surgidos del 6º Congreso del Partido. Donde está la divergencia es en el rol que debe tener ese sector no estatal en nuestra economía:
  • Ellos lo ven como el componente principal de la economía; nosotros lo vemos como un complemento al componente principal que es la empresa estatal socialista. De hecho hoy ese sector no estatal, si bien se acerca a ser el 30% del empleo, no alcanza a aportar el 12% del PIB, lo que indica su carácter limitado para la generación de valor agregado.
  • Ellos lo hacen equivaler a “la innovación”; nosotros lo vemos como un sector de relativamente bajo valor agregado. La innovación está en la alta tecnología, la ciencia y la técnica, y sus conexiones con la empresa estatal socialista. El espíritu innovador del pueblo cubano se expresó en estos años de muchas otras maneras, tales como el desarrollo de la biotecnología y sus medicamentos y vacunas, la formación masiva de informáticos en la UCI, la agricultura urbana, la revolución energética y otros muchos logros del periodo especial, nada de lo cual se mencionó en los discursos de nuestros visitantes.
  • Ellos ven el emprendimiento privado como algo que “empodera” al pueblo; nosotros lo vemos como algo que empodera a “una parte” del pueblo, y relativamente pequeña. El protagonismo del pueblo está en las empresas estatales, y en nuestro gran sector presupuestado (que incluye la salud, la educación, el deporte, la seguridad ciudadana) que es donde se trabaja realmente para todo el pueblo y donde se genera la mayoría de la riqueza. No se puede aceptar el mensaje implícito de hacer equivaler el sector no estatal con “el pueblo cubano”. Eso no fue dicho de esa manera tan brutal, pero se interpreta del discurso de una forma demasiado clara.
  • Ellos separan tácitamente el concepto de “emprendimiento”, y el de propiedad estatal. Nosotros vemos en el sector estatal nuestras principales opciones de emprendimientos productivos. Así lo explicamos en el Foro de empresarios al ilustrar la organización en que trabajo (El Centro de Inmunología Molecular) como “una empresa con 11 millones de accionistas”.
  • Ellos ven al sector no estatal como una fuente de desarrollo social; nosotros lo vemos en un rol doble, pues también es una fuente de desigualdades sociales (de lo que ya tenemos evidencias, como ilustran los recientes debates sobre los precios de los alimentos), desigualdades que habrá que controlar con una política fiscal reflejo de nuestros valores.
  • Ellos creen en la función dinamizadora de la competencia (aunque este concepto ha sido cuestionado ya incluso por ideólogos serios de la economía capitalista). Nosotros conocemos su función depredadora y de erosión de la cohesión social, y creemos más en la dinámica que proviene de programas de país.
  • Ellos creen en que el mercado distribuye eficientemente la inversión respondiendo a la demanda; nosotros creemos que el mercado no responde a la demanda real sino a la “demanda solvente”, y profundiza las desigualdades sociales.
  • Ellos se apoyan en la trayectoria de desarrollo empresarial de los Estados Unidos, cuya economía despegó en el Siglo XIX, en condiciones de la economía mundial que son irrepetibles hoy. Nosotros sabemos que las realidades de los países subdesarrollados de economía dependiente son otras, especialmente en el Siglo XXI, y que el desarrollo económico y científico-técnico no ocurrirá a partir de pequeños emprendimientos privados en competencia, ni intentando reproducir la trayectoria de los países hoy industrializados, con 300 años de diferencia. Sería la receta de la perpetuación del subdesarrollo y la dependencia, con una economía diseñada como apéndice y complemento de la economía norteamericana, cosa que ya ocurrió en el Siglo XIX, cuando esa dependencia nos sumió en el monocultivo y cerró el camino de la industrialización. Para entender eso sirve la Historia, y por ello no podemos olvidarla.
Emprender el camino de la convivencia civilizada “con nuestras diferencias”, implica conocer bien a fondo y por todo el Pueblo Cubano, dónde es que están esas diferencias, para poder evitar que decisiones puntuales aparentemente racionales ante problemas económicos tácticos, nos puedan llevar a errores estratégicos; y peor aún, que otros nos empujen a ello, a través de las cosas que se dicen y las que no se dicen.
Supimos evitar esos errores en los inicios del periodo especial, ante la desaparición del campo socialista europeo y la marea ideológica neoliberal de los 90. Sabremos hacerlo mejor ahora.
La convivencia civilizada ciertamente nos aleja del riesgo y la barbarie de la guerra (militar y económica), pero no nos exonera de dar la batalla en el plano de las ideas.
Necesitamos vencer en esa batalla de ideas para poder vencer en la batalla económica.
La batalla económica del Siglo XXI cubano se dará en tres campos principales:
  1. El de la eficiencia y capacidad de crecimiento de la Empresa Estatal Socialista, y la inserción de esta en la economía mundial
  2. El de la conexión de la ciencia con la economía a través de empresas de alta tecnología, con productos y servicios de alto valor añadido que enriquezcan nuestra cartera de exportaciones
  3. El de la limitación consciente de la expansión de las desigualdades sociales, a través de la intervención del Estado Socialista
En esos campos se decidirá el Siglo XXI de los cubanos.
La batalla de ideas consiste en consolidar pensamiento y consenso sobre hacia donde queremos ir, y sobre los caminos concretos para llegar.
Las aguas del estrecho de La Florida no deben ser un campo de conflicto bélico, y es muy bueno para todos que así sea, pero esas aguas seguirán separando por mucho tiempo dos concepciones diferentes de la convivencia humana, de la organización de los hombres para la vida social y el trabajo, y de la distribución de sus frutos. Y también es muy bueno que así sea. Nuestro ideal de sociedad humana está enraizado en nuestra experiencia histórica y en el alma colectiva de los cubanos, sintetizada magistralmente por el pensamiento de José Martí. Él estudió y entendió mejor que nadie en su tiempo la sociedad norteamericana y dijo: “nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse”.
La creencia básica del capitalismo, incluso en los que así lo creen honestamente, es la construcción de prosperidad material basada en la propiedad privada y la competencia. La nuestra se basa en la creatividad movida por los ideales de equidad social y solidaridad entre las personas, incluidas las generaciones futuras. Nuestro concepto de sociedad es el futuro, y aunque el futuro se demore, atrapado en los condicionamientos objetivos del presente, sigue siendo el futuro por el que hay que luchar.
La propiedad privada y la competencia son el pasado, y aunque ese pasado siga existiendo necesariamente dentro del presente, pasado sigue siendo.
Hay que saber siempre ver los conceptos que están detrás de las palabras que se dicen, y las razones que están detrás de las palabras que no se dicen.
La batalla por nuestro ideal de convivencia humana estará en las manos de las actuales generaciones de jóvenes cubanos, que enfrentarán en su tiempo desafíos diferentes a los de las generaciones revolucionarias del Siglo XX, pero igualmente grandes y trascendentales, y también más complejos.
Al analizar la complejidad de sus desafíos les confieso que quisiera ingresar otra vez en la Unión de Jóvenes Comunistas, cuyo carnet (Nº7784, de 1963) tengo ahora mismo sobre mi mesa. Sigo siendo comunista, pero he de aceptar que ya no puedo seguir siendo “joven”. Pero si puedo compartir con los jóvenes el análisis de lo que hoy se dice, y la develación de lo que no se dice, y construir junto con ellos las herramientas intelectuales que necesitamos para las batallas que vienen.
José Martí escribió en abril de 1895: “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: Ganémosla a pensamiento”.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Declaración de Raúl Castro a propósito del primer aniversario de la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU (+ Video)

Declaración del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros General de Ejército Raúl Castro Ruz, en relación con el primer aniversario de los anuncios del 17 de diciembre de 2014 sobre la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU.
Ha transcurrido un año desde los anuncios simultáneos realizados el 17 de diciembre de 2014 por los Presidentes de Cuba y los Estados Unidos, de restablecer las relaciones diplomáticas y trabajar por el mejoramiento de nuestros vínculos.
Un día como ayer, dentro de los acuerdos alcanzados para solucionar temas de interés para ambos países, pudimos anunciar con gran júbilo para todo nuestro pueblo el regreso a la Patria de Gerardo, Ramón y Antonio, con lo que cumplimos la promesa de Fidel de que nuestros Cinco Héroes volverían.
En esa misma fecha, en correspondencia con nuestra reiterada disposición a sostener con el Gobierno de los Estados Unidos un diálogo respetuoso, basado en la igualdad soberana, para tratar los más diversos temas de forma recíproca, sin menoscabo a la independencia nacional y la autodeterminación de nuestro pueblo, acordamos adoptar medidas mutuas para mejorar el clima bilateral y avanzar hacia la normalización de los vínculos entre los dos países.
Desde entonces, se puede afirmar que hemos obtenido algunos resultados, sobre todo en el plano político-diplomático y de la cooperación:
  • Se restablecieron las relaciones diplomáticas y se reabrieron las embajadas en ambos países, lo cual estuvo precedido de la rectificación de la injusta designación de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo.
  • Se han celebrado dos reuniones entre los Presidentes de ambos países, así como otros encuentros y visitas de alto nivel.
  • Se ha expandido la cooperación ya existente en temas de interés mutuo, como la seguridad aérea y de la aviación; y el enfrentamiento al narcotráfico, la emigración ilegal, el tráfico de emigrantes y el fraude migratorio.
  • Se han abierto nuevas áreas de cooperación bilateral sobre temas de beneficio común, entre ellas la protección del medio ambiente, la aplicación y el cumplimiento de la ley, la seguridad marítimo-portuaria y la salud.
  • Se han iniciado diálogos sobre asuntos de interés bilateral y multilateral, como elcambio climático, las compensaciones mutuas, la trata de personas y los derechos humanos, tema este último en el que tenemos profundas diferencias y estamos sosteniendo intercambios sobre la base del respeto y la reciprocidad.
  • Hemos suscrito acuerdos sobre protección del medio ambiente y el restablecimiento del servicio de correo postal directo.
Todo esto se ha logrado mediante un diálogo profesional y respetuoso, basado en la igualdad y la reciprocidad.
Por el contrario, durante este año, no se ha avanzado en la solución de los temas que para Cuba son esenciales para que haya relaciones normales con los Estados Unidos.
Aunque el Presidente Barack Obama ha reiterado su oposición al bloqueo económico, comercial y financiero y ha llamado al Congreso para que lo levante, esta política sigue en vigor. Se mantienen  la persecución financiera a las transacciones legítimas de Cubay los efectos extraterritoriales del bloqueo, lo cual provoca daños y privaciones a nuestro pueblo y es el obstáculo principal para el desarrollo de la economía cubana.
Las medidas adoptadas hasta el momento por el presidente Obama, aunque positivas, han demostrado tener un alcance limitado, lo cual ha impedido su implementación. El Presidente, en uso de sus prerrogativas ejecutivas, puede ampliar el alcance de las medidas ya tomadas y adoptar otras nuevas, que modifiquen sustancialmente la aplicación del bloqueo.
A pesar del reiterado reclamo de Cuba de que se le devuelva el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval en Guantánamo, el Gobierno de los Estados Unidos ha manifestado que no tiene la intención de cambiar el estatus de este enclave.
El Gobierno de los Estados Unidos mantiene programas que son lesivos a la soberanía cubana, como los proyectos dirigidos a promover cambios en nuestro orden político, económico y social, y las transmisiones radiales y televisivas ilegales, para cuya implementación continúan otorgándose fondos millonarios.
Se sigue aplicando una política migratoria preferencial a los ciudadanos cubanos, expresada en la vigencia de la política de pies secos-pies mojados, el programa de parole para profesionales médicos y la Ley de Ajuste Cubano, lo cual estimula una emigración ilegal, insegura, desordenada e irregular, promueve el tráfico de personas y otros delitos conexos, y genera problemas a otros países.
El Gobierno de Cuba seguirá insistiendo en que para alcanzar la normalización de las relaciones, es imperativo que el Gobierno de los Estados Unidos elimine todas estas políticas del pasado, que afectan al pueblo y a la nación cubana, y no se corresponden con el contexto bilateral actual ni con la voluntad expresada por los dos países, al restablecer las relaciones diplomáticas, de desarrollar vínculos respetuosos y de cooperación entre ambos pueblos y gobiernos.
Nadie debe pretender que Cuba, para normalizar las relaciones con los Estados Unidos, abandone la causa de la independencia por la que nuestro pueblo, desde 1868, hizo grandes sacrificios; ni olvide que, después de muchas frustraciones y 60 años de total dependencia, esta fue por fin alcanzada el primero de enero de 1959 con la victoria del Ejército Rebelde, bajo el mando del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
El pueblo cubano no renunciará a los principios e ideales por los que varias generaciones de cubanos han luchado a lo largo de este último medio siglo. El derecho de todo Estado a elegir el sistema económico, político y social que desee, sin injerencia de ninguna forma, debe ser respetado.
El Gobierno de Cuba tiene total disposición a continuar avanzando en la construcción de una relación con los Estados Unidos que sea distinta a la de toda su historia precedente, sobre bases de respeto mutuo a la soberanía y la independencia, que sea beneficiosa para ambos países y pueblos, y que se nutra de las conexiones históricas, culturales y familiares que han existido entre cubanos y estadounidenses.
Cuba, en pleno ejercicio de su soberanía y con el apoyo mayoritario de su pueblo, seguirá inmersa en el proceso de transformaciones para actualizar su modelo económico y social, en aras de avanzar en el desarrollo del país, incrementar el bienestar de la población y fortalecer los logros de la Revolución Socialista.
Muchas gracias.

viernes, 13 de noviembre de 2015

OTROS AMBITOS DE LA NORMALIZACIÓN

Jorge Gómez Barata


En 1978 Fidel Castro condujo los Diálogos con la Comunidad Cubana en el Exterior. Treinta y tres años antes de hacerlo con el gobierno de los Estados Unidos, Cuba inició la normalización de las relaciones con los emigrados y exiliados cubanos radicados allí.

En el período trascurrido desde los Diálogos del 78, en los cuales se acordó el inicio de los viajes que facilitaron los contactos familiares, académicos, culturales y políticos, se registraron otros avances, como fueron la introducción del Permiso de Residencia en el Exterior, la recepción de remesas, la despenalización de la emigración ilegal, y más recientemente la Reforma Migratoria de 2013, que en conjunto, han conducido a la apertura y flexibilización de la política migratoria y las relaciones con los residentes en el exterior.

A pesar de esos progresos que han contribuido a reducir tensiones al interior de la sociedad cubana, debido al bloqueo norteamericano y a la falta de prioridad concedida al tema, no se han registrados avances notables en la inserción de los emigrados en diferentes aspectos de la vida nacional, especialmente en los procesos económicos.

De cara a las reformas en curso, y consecuente con los esfuerzos por la normalización de los vínculos con Estados Unidos, parece pertinente dar pasos concretos para sustentar jurídicamente la definición de que los emigrados, que conservan la ciudadanía, hecho evidenciado en el derecho a poseer pasaporte cubano y en la obligación de portarlo cuando viajan a la Isla, son a todos los efectos ciudadanos cubanos.

Entre esos emigrados los hay que desearían participar legal y abiertamente en los procesos económicos nacionales, y cuentan con la solvencia necesaria para hacerlo. No se trata de los multimillonarios, sino de aquellos que, a fuerza de trabajo honrado y talento, han acumulado recursos, y cuentan con posibilidades de crédito que los habilita para fundar y operar negocios en Cuba.

Las preguntas son: ¿En su calidad de ciudadanos cubanos, los emigrados poseen el derecho a participar en los procesos económicos nacionales? En caso afirmativo: ¿Existen políticas que los favorezcan? 

Es obvio que para sumar a esos compatriotas a los esfuerzos nacionales, aprovechar los conocimientos y habilidades gerenciales que han adquirido, y permitirles obtener las ventajas que de ello puede derivarse, es preciso ajustar la doctrina respecto a la pequeña y mediana empresa privada que es la escala en que su intervención puede ser sustantiva.

Resulta claro que ello requiere de ajustes en los lineamientos para la actualización del modelo económico, y de actos jurídicos que solo puede dictar la Asamblea Nacional o el Consejo de Estado, y en lo cual pudiera avanzarse para favorecer los esfuerzos del país en las direcciones principales. 

Naturalmente, la normalización de las relaciones con Estados Unidos y el fin del bloqueo que parece visible, deberá considerar a los millones de cubanos residentes en el extranjero que poseen intereses legítimos y no son adversarios ni compañeros de viaje.

De lo que se trata es unir aún más a la nación, sumando a los afectos familiares y los referentes culturales, intereses económicos legítimos. Hacer del proyecto de país que se promueve un conjunto de metas compartidas, es un cometido de relevancia histórica.

El estado nacional que incluye y representa a todos los cubanos, trabaja por su unidad, vela por sus derechos, y exige por sus deberes; y a las organizaciones políticas que lo rigen, corresponde pasar páginas, abrir caminos, y ofrecer opciones. Allá nos vemos.

La Habana, 13 de noviembre de 2015

martes, 13 de octubre de 2015

El segundo jaque a las mal llamadas Radio y Televisión Martí.

Por Edmundo García

Un blog de Miami dio a conocer una noticia sobre una reunión que tuvo lugar este miércoles 7 de octubre en los predios de la emisora Radio Martí en el sur de la Florida. El director Carlos García se ha traído desde San Diego a Alberto Pando, un experto en medios de comunicación que trabajó antes con Televisa, para entregarle el cargo de gerente general. Pando su unió a la mexicana Natasha Crujeiras, no hace mucho promovida a jefa de contenido de esa agencia del gobierno federal.
esteAlgunos empleados han puesto el grito en el cielo y hablan de una conspiración para descubanizar a Radio Martí, pero en verdad no es más que un intento, bastante tardío por cierto, por detener la emisión inútil de mentiras y calumnias hacia Cuba sin la menor credibilidad y rigor periodístico.
Es risible el punto de vista de los empleados de Radio Martíque se ven amenazados por la presencia del nuevo gerente general, pues solo les está pidiendo cosas que son simplemente de oficio en la práctica del periodismo; como es la contrastación de las fuentes, no usar lenguaje ofensivo, no calumniar, etc.
Si los periodistas de Radio Martí se sienten ofendidos y maniatados por seguir ciertas reglas básicas de la profesión, es porque hasta ahora se han estado desenvolviendo sin control, arbitrariamente, propagando mentiras que ni ellos mismos se creen.
Además de que nunca me interesó hacer declaraciones para ese medio, no cuentan allí ni con un segundo de mi voz porque se trata de una simple cuestión de seguridad, porque en Radio y Televisión Martí editan como les viene en gana, post producen los materiales sin respetar la intención del entrevistado y luego de todo eso, si después de publicado no les gusta, lo desaparecen de la red sin dar una explicación.
Detrás de las exigencias de Alberto Pando a sus subordinados se nota la decisión federal, gubernamental, de ponerlos a trabajar bajo los estándares del periodismo norteamericano. Por tanto, la reacción hostil ante lo que no es más que una lógica exigencia profesional, demuestra el deseo de algunos de mantenerse sobreviviendo en una especie de feudo o finca privada donde nadie les pide cuentas.
Cada vez que a Radio Martí no le ha convenido una noticia, la ha suplantado con una falsedad. Ha llegado a cuestionar la política del presidente Obama hacia Cuba y a editorializar en su contra para satisfacer los gustos de la derecha cubanoamericana de Miami, la mayoría de cuyos líderes están afiliados al partido Republicano.
Es lógico entonces que llegara un día en que el gobierno Demócrata detuviera esta situación. Es por eso que creo que la reunión mencionada al principio de este artículo no es más que el primero de un grupo de pasos que se van a dar hasta que finalmente pase lo que tiene que suceder; que es el cierre definitivo de ese proyecto violatorio de la tranquilidad y la soberanía cubana. Algo que el presidente Raúl Castro ha denunciado recientemente en la ciudad de New York; y también altos funcionarios cubanos como el Canciller Bruno Rodríguez y la Directora para América del Norte de la Cancillería, Josefina Vidal.
Si cada vez la opinión pública es más consciente del inútil gasto que significa un plan como Radio y TV Martí, donde el salario medio un empleado es 92 mil dólares anuales, más beneficios; si por otra parte el gobierno federal ha decidido exigirle estándares nacionales en el ejercicio del periodismo que los empleados no quieren o no pueden cumplir; sumado a que Cuba no permitirá nunca que se viole su espacio radioeléctrico nacional; entonces, Radio y TV Martí no tienen posibilidades; se encuentran en la última etapa de su existencia. Están condenadas al vacío, la nulidad, el olvido.
Acaban de recibir el segundo jaque, ya que el primero lo recibieron el primer día de su existencia. El pueblo cubano ni les escucha, ni les ve. Quienes siguen la partida no dan mucho más de un año para que reciban algo tan definitivo como un simple Jaque Mate Pastor.

viernes, 2 de octubre de 2015

¿Indiscreto editorial de Diario las Américas?


¿Indiscreto editorial de Diario las Américas?

Financiado parcialmente por la ultraderecha cubano-venezolana de Miami, abordó la actual política de Washington hacia La Habana.
Lo hizo en un editorial donde sugiere que su propósito esencial es imponerle un cambio de régimen.
Tal escrito circuló este jueves  bajo el titulo “Obama, Castro y el embargo”.
Afirma que la nueva reunión entre el “gobernante” Castro y el presidente Obama,  ahora en Nueva York, dejó a muchos con la boca abierta.
Por una parte, añade, Cuba exigiendo entre otros asuntos el fin de lo que su editorial llama embargo.
Mientras por otra, agrega, Obama defendiendo terminar con una política que no les ha dado resultado en más de 50 años.
Vale aclarar que sí les brindó un saldo concreto, gracias a quienes la han promovido en Washington y Miami: su enorme aislamiento diplomático en ese tema.
La primera votación de la Asamblea General de la ONU sobre el “bloqueo a Cuba” tuvo lugar en 1992 y se repetiría con ese lenguaje durante 20 de sus sesiones anuales hasta 2014.
En aquel primer año, 57 países lo rechazaron y hace unos doce meses 188 hicieron lo mismo, en tanto Washington, asistido por Israel, se mantuvo como el principal defensor.
Un detalle que vale subrayar es que nunca durante ese período la ONU ha empleado el término “embargo” para sustituir al más exacto de bloqueo.
Ahora se llega a especular que luego del conocido gradual acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, la Casa Blanca podría abstenerse en la próxima votación de Naciones Unidos sobre el tema.
El editorial de Diario las Américas señala que al parecer Obama y Raúl coinciden, pero entre ellos hay una gran diferencia sobre cómo lograr un mismo objetivo.
Aparentemente el régimen cubano venció durante las últimas jornadas, pero Obama insiste “en que solo ha cambiado su estrategia para llevarle un futuro de progreso y derechos humanos al pueblo de la isla”, agrega el escrito.
Prosigue diciendo que es como una política donde el régimen de La Habana intenta mantener la caverna oscura o con la luz encendida hasta cierto nivel.
Al mismo tiempo, según la publicación, Estados Unidos muestra a los cubanos que el mundo “está lleno de luz y oportunidades”.
¿Cómo valorar el significado de esas palabras en medio de la tragedia que viven hoy tantos millones de habitantes  del planeta?
Sencillamente, como una bofetada a la inteligencia humana,  una burla a los condenados de la Tierra.
Baste ese muy desatinado criterio para restarle seriedad a todo lo escrito hasta ahí y a lo que viene después.
Como al insistir en la versión de que Washington ha dado mucho a Cuba sin recibir nada a cambio, error, les falta, en primer lugar,  levantar el bloqueo.
Luego se torna crudamente agresivo cuando plantea que a largo plazo “no habrá quien sea capaz de contener la enorme influencia que ejercerá la nación más poderosa del mundo a través de su “poder blando”.
Va aún más allá y envía un mensaje a sus grupos “disidentes” en la isla:
Quienes radican en Cuba ejercerán la presión y fuerza necesarias que lleven al cambio hacia una democracia “apoyados por el trabajo previo del presidente Obama”.
El Consejo Editorial de Diario las Américas finaliza con una frase que desnuda todo lo que da a entender muy claramente:
“No existe roca fuerte para las blandas olas”.
De esta manera, la guerra avisada que ya revoletea sobre los cubanos saca aún más sus colmillos envueltos en seda.
Y Diario las Américas, a diferencia de otros, lo desnuda clara, inoportuna y brutalmente.
¿Se atreverá a desmentirlo algún portavoz oficial o propagandista de Washington? La pelota rueda en su cancha.