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martes, 14 de junio de 2016

Che, más vivo que nunca

Este 14 de junio, el guerrillero heroico cumpliría 88 años





Las nuevas generaciones le rinden tributo al Guerrillero Heroico. Foto: del autor




Más joven, más necesario que nunca, así veo al Che Guevara a sus 88 años de vida.
Así está él, advirtiéndonos que la construcción del Socialismo no es tarea fácil y que deberán de sortearse muchos obstáculos para desandar ese camino.
Diciéndonos que “el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor”, una esencia que nos mantiene y nos mantendrá intactos ante un mundo que parece hundirse entre las guerras, el consumo irrefrenable y las conjuras mediáticas.
Ahí está Guevara, alertándonos y también criticándonos ¿por qué no? de los errores co­metidos en estos años de Revolución, poniendo barreras al burocratismo, a la corrupción, a la falta de eficiencia, al inmovilismo.
Lo veo en los sueños realizados y por realizar.
Está en aquel cubano o el turista que llega desde cualquier latitud para rendirle homenaje en la Plaza santaclareña y llorar ante él, y hacerle promesas, o establecer compromisos, o colocarle flores, e incluso para hablarle ante su nicho, para que él pueda escucharlo.
Porque él, constructor de una sociedad nueva, es como esa esperanza a la que necesitamos asirnos todos los buenos del planeta, como certeza de que es posible pensar en un mundo mejor, a pesar de que soplen vientos adversos.
Con más de ocho décadas, ahí está, en la Loma del Capiro, o liberando pueblos, descarrilando el tren blindado de la dictadura, li­brando la Batalla de Santa Clara, asegurando a los jóvenes que son ellos la arcilla fundamental de nuestra obra.
En estos tiempos convulsos y de crisis, el hombre que avizoró el siglo XXI vuelve a calzar sus botas por esta América nuestra de Bo­lívar, de Martí, de Sucre, de O’Higgins, de Hu­go Chávez, porque aquí en nuestro continente, y él lo sabe, todavía queda mucho por hacer.
Ahí está él, con esos sueños de libertad, irradiando su optimismo y su fe, en estos tiempos de cambios, repitiendo en nuestros oídos, como para no olvidarlo nunca, que “al imperialismo no se le puede dar ni un tantico así”, y confirmándonos que las fórmulas para el triunfo son y serán siempre la defensa de las ideas, la ejemplaridad sin tacha, la moral, y la decisión de entregarlo todo, hasta la vida, por la libertad, la igualdad y el respeto a los seres humanos.
Así, con 88 años de juventud, celebra el Che Guevara un nuevo aniversario de su natalicio, vuelve al camino con la adarga al brazo, sobre el costillar de Rocinante, con ese ejemplo que no han podido borrar ni el tiempo ni los años duros, porque él siempre será ese estandarte inmenso que mira desde mi Plaza al Sur, con su traje de guerrillero y su fusil al hombro, para seguir apuntando al futuro. (Tomado de CMHW) 

sábado, 23 de abril de 2016

La CIA frente a Cuba desde 1959: Eliminar a Fidel, Raúl y Che

Foto tomada de Cuban History Gallery.
Foto tomada de Cuban History Gallery.
Desde mucho antes del triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959, los servicios de inteligencia estadounidenses asumieron como tareas prioritarias impedir la victoria de las fuerzas revolucionarias y el asesinato del Comandante en Jefe Fidel Castro.
Ya, por ejemplo, desde 1958, en los momentos en que Fidel estaba en la Sierra Maestra, el coronel Joseph Caldwell King, jefe de la Sección del Hemisferio Occidental de la CIA a cargo de las operaciones cubanas, en unión de William Pawley, exembajador norteamericano en Brasil, Perú y amigo del dictador Fulgencio Batista, habían planeado algunas medidas para obstaculizar el avance de las fuerzas revolucionarias y el asesinato del líder cubano. Objetivo: evitar que llegara al poder, para lo que habían activado plenamente a la Estación en La Habana encabezada por James A. Noel, quien desarrolló una intensa actividad subversiva contra Cuba y ocupó este cargo hasta el cierre de la sede diplomática en enero de 1961.
En diciembre de 1958, es detenido en la Sierra Maestra el ciudadano Alan Robert Nye portador de un fusil con mira telescópica, quien había sido enviado por el Gobierno yanqui con la misión de asesinar a Fidel.
Desde el comienzo mismo del triunfo revolucionario empiezan los encontronazos con Estados Unidos y se intensifican las maniobras conspirativas para descabezar a la Revolución triunfante.
En sus memorias Los años de la Casa Blanca, publicadas en 1966, el presidente de los Estados Unidos en aquel período, Dwight D, Eisenhower, reconoció: “En cuestión de semanas, después que Castro entrara en La Habana, nosotros, en el gobierno, comenzamos a examinar las medidas que podían ser efectivas para reprimir a Castro”.
El 21 de enero de 1959, trece días después de su entrada triunfal en La Habana, en una magna concentración popular en el Palacio Presidencial, Fidel dijo: “Para tomar las medidas de precaución, porque aquí hay que estar prevenidos contra todo, le voy a proponer a la Dirección del Movimiento 26 de Julio, que designe al compañero Raúl Castro, Segundo Jefe del Movimiento 26 de Julio. Lo hago, no porque sea mi hermano –que todo el mundo sabe cuánto odiamos el nepotismo– sino porque, honradamente, lo considero con cualidades suficientes para sustituirme en el caso de que yo tenga que morir en esta lucha; porque, además, es un compañero de muy firmes convicciones revolucionarias, que ha demostrado su capacidad en esta lucha, que fue de los que dirigió el ataque al Moncada, de los que estuvo dos años en la cárcel, de los que organizó el Segundo Frente Frank País, y de los que han dado relevantes pruebas de capacidad como organizador y como líder”.
Y siguió advirtiendo: “Ojalá que en este caso no se hubiese tratado de un hermano mío, ojalá hubiese sido otro para que no cupiera la menor sospecha de que se trata de favorecer a un familiar. Digo, en primer lugar, que así no se favorece a nadie, porque la patria para nosotros es agonía y deber, no placer, no vanidad, no satisfacciones de tipo personal; para nosotros este trabajo es el trabajo de un esclavo que sabe servir a su pueblo; para nosotros, ser líder es ser sacrificado; para nosotros ser líder no es aspirar al poder, que todo el mundo sabe que yo renuncié al poder hace mucho tiempo, que todo el mundo sabe el desinterés con que he luchado y que soy de los hombres que sostengo que ningún hombre es imprescindible [… ] Y al plantear aquí que considero que el compañero Raúl Castro podría sustituirme en este caso, no es que yo decida unilateralmente, sino yo quiero consultar con el pueblo si está de acuerdo”. (Exclamaciones de ¡Sí!).
“Pues ya lo saben mis enemigos: ¡Me pueden agredir cuando quieran, que no hay problemas! Y, además, si agredieran también a Raúl, ¡detrás de él vendrá otro, y detrás otro, y detrás otro y detrás otro!, que al pueblo de Cuba en esta lucha no le faltará ni líder ni pueblo, porque todo estará prevenido. Los que supimos ganar la guerra contra todos los recursos, sabremos también ganar la Revolución contra todos los enemigos que se pongan delante”.
En un balance de la evolución de las relaciones bilaterales desde enero de 1959 presentado ante el Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos, Roy Rubottom, secretario asistente para Asuntos Interamericanos, las resumió así:
“El período de enero a marzo puede ser caracterizado como la luna de miel con el gobierno de Castro. En abril se hizo evidente un giro descendente en esas relaciones… En junio habíamos tomado la decisión de que no era posible alcanzar nuestros objetivos con Castro en el poder y acordamos acometer el programa referido por Mr. Marchant (subsecretario Livingston Marchant). En julio y agosto habíamos estado delineando un programa para reemplazar a Castro”.
Livingston Marchant, para justificar sus medidas punitivas, manifestó en esa sesión del Consejo de Seguridad Nacional que el caso Cuba era uno de los más peligrosos y difíciles respecto a las relaciones de Estados Unidos con América Latina.
El programa para reemplazar a Castro tenía dentro del plan una reaccionaria campaña contra el comunismo, mientras la propaganda contrarrevolucionaria pretendía menguar la influencia popular de Raúl y el Che, atacándolos como los dirigentes revolucionarios más proclives a los comunistas. Sin duda, eran los de las ideas más radicales, con honda formación marxista y partidarios decididos de avanzar rápidamente hacia el socialismo.
La presencia del Che Guevara en sectores económicos estratégicos como el sector bancario, primero, y, luego, la dirección del incipiente desarrollo industrial, junto a sus primeras actividades internacionales a mediados de 1959, tensaron a los sectores gobernantes estadounidenses y a la contrarrevolución.
Después, como explican Luis M. Busch y Reinaldo Suárez en su libro Gobierno Revolucionario Cubano Primeros pasos, las necesidades de la defensa de la Revolución hacían imperativa una reestructuración militar profunda, que garantizara la identificación plena de los institutos armados con la ciudadanía, una economía administrativa y de dirección y una verdadera unidad de mando y acción.
Es así como se crea el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias el 21 de octubre de 1959. “El comandante del Ejército Rebelde que reunía todas las cualidades y aptitudes para dirigir tal tarea era, sin lugar a dudas, Raúl Castro Ruz. En pocos meses de lucha guerrillera, había conformado en las montañas más orientales de Cuba un frente meticulosamente organizado y eficaz, en lo militar y lo civil. Virtualmente, un Estado en armas, con hospitales y gestiones administrativas, de educación, comunicaciones e industrias, administración de justicia y arbitraje. Había dado pruebas inequívocas de una habilidad especial de mando y organización”, reseñan ambos autores.
Raúl, al asumir el mando, es enfático en los principios que se persiguen con la concepción de la nueva institución militar: “No estaremos jamás satisfechos hasta que por nuestra organización y contando siempre con la indestructible colaboración del pueblo de Cuba, nuestro país esté en condiciones de hacerse respetar militarmente por pequeños y poderosos”.
Por esos días concluyeron en fracaso los intentos del gobierno estadounidense por aupar fuerzas alternativas a la dirección revolucionaria al frustrarse las traidoras tentativas del entonces comandante Hubert Matos, como antes habían sido un fiasco la traición del comandante Pedro Luis Díaz Lanz –jefe de la fuerza aérea rebelde–, el descalabro de la conspiración trujillista o la crisis nacional que concluyó con la salida del núcleo reaccionario del primer Gobierno Revolucionario, incluido el presidente Manuel Urrutia.

Intensa y descomunal actividad subversiva contra Cuba

En 1975, a partir de informaciones desclasificadas y los testimonios o comparecencias en audiencias, se elaboró un informe del Comité Selecto del Senado de los Estados Unidos que estudió las operaciones relacionadas con las actividades de inteligencia, más conocido por el Informe de la Comisión Church, pues dicho comité estuvo presidido por el senador Frank Church.
Por esas informaciones desclasificadas y testimonios pudieron conocerse en detalle algunas de las operaciones encubiertas de la CIA para atentar contra la vida de los principales dirigentes de la Revolución Cubana. Después de haber hecho el análisis operativo de la Revolución, expresar sus preocupaciones sobre el fortalecimiento del proceso y medidas para destruirla, el 11 de diciembre de 1959, el coronel J.C. King envió un memorándum a Allen Dulles, director de la CIA, en el que planteaba que en Cuba ahora había una dictadura de “extrema izquierda” que “si” se le permitía continuar, alentaría acciones similares contra posiciones estadounidenses en otros países latinoamericanos.
Una de las cuatro “Acciones Recomendadas” por King era considerar seriamente la eliminación de Fidel Castro: “Muchas personas informadas creen que la desaparición de Fidel aceleraría grandemente el derrocamiento del gobierno actual”.
En uno de los márgenes del documento hay una nota escrita a mano donde Dulles indica que con el asentimiento de Richard Bissell, un exprofesor de economía que fungía como subdirector de planes de la CIA, aprobó las recomendaciones. A partir de ese instante se intensifican todos los esfuerzos por descabezar el país.
En enero de 1960 se organizó la Rama 4 (WH-4) de la División del Hemisferio Occidental de la CIA como un equipo especial para dirigir la operación cubana, con la principal “[…] misión de derrocar al gobierno de Castro […]” y tenía bajo su responsabilidad la Oficina Cuba en el cuartel general de la CIA, incluyendo el apoyo a su estación radicada en la sede diplomática en La Habana.
La cadena de mando dentro del cuartel general la integraban el director de Inteligencia, Allen Dulles, el vicedirector de Planes señor Richard M. Bissell, el jefe de la División del Hemisferio Occidental J. C. King y el jefe de la Fuerza de Tarea, Jacob D. Esterline.
Según el informe de la Comisión Church, el 13 de enero de 1960, Dulles, en lo que aparentemente fue la primera discusión del Grupo Especial sobre un programa clandestino para derrocar a Castro, “observó la posibilidad de que a la larga Estados Unidos no podría tolerar el régimen de Castro en Cuba, y sugirió la planificación de contingencias secretas para lograr la caída del gobierno de Castro…”.
Una de las acciones fue mediar en cuanta gestión hiciera el Gobierno Revolucionario cubano para impedirle el aprovisionamiento de armas para llevar adelante su política de creación de las milicias populares. El 4 de marzo de 1960 ocurre el monstruoso sabotaje al barco francés La Coubre, que trajo desde Bélgica un cargamento de 70 toneladas de armas y municiones y cuyas explosiones provocaron alrededor de 100 muertos y unos 400 heridos.
El acto terrorista concebido por la CIA, cuyos documentos 51 años después siguen clasificados, había previsto que tras el primer estallido, los principales dirigentes de la Revolución seguramente acudirían de inmediato al lugar del siniestro y esa era la oportunidad de producir el segundo bombazo para acabar con ellos.
Fidel llegó a la conclusión de que a partir del criminal sabotaje de La Coubre la agresión contra la Revolución se desencadenaría en grandes magnitudes y aceleró su estrategia de preparación del pueblo para hacerle frente, resistirla y derrotarla.
El informe de la Comisión Church ratifica esa apreciación y demuestra que el Gobierno de Eisenhower andaba a la búsqueda de pretextos
Según memorándum de una reunión el 9 de marzo de 1960, cinco días después de La Coubre, el coronel J.C. King, dijo ante al Grupo Especial que estaba a cargo de las operaciones cubanas que había “pruebas crecientes de que ciertos ‘jefes’ del gobierno de Castro han estado presionando por un ataque contra las instalaciones de la Armada de Estados Unidos en la bahía de Guantánamo y dijo que de hecho es posible atacar las instalaciones”.
Y de acuerdo con el propio memorándum “el coronel King declaró (…) que a menos que se eliminase a Fidel, Raúl y al Che Guevara, todos juntos –lo cual es poco probable– esta operación podría ser un asunto largo y trabajoso y solo se derrotaría al gobierno actual por medio de la fuerza”.
En el informe del comité senatorial se describen también otros tópicos de una reunión celebrada al día siguiente, 10 de marzo, del Consejo de Seguridad Nacional, en la cual se discutió la política estadounidense de “llevar a otro gobierno al poder en Cuba”.
Las actas de esa reunión informan que el almirante Arleigh Burke, jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas yanquis, entendía que se necesitaba un dirigente cubano alrededor del cual pudieran agruparse los elementos contrarios a Castro. “El señor Dulles dijo que existían algunos dirigentes contrarios a Castro, pero que actualmente no se encontraban en Cuba, y él se preguntaba qué podríamos hacer ante una situación de esa índole (…); informó que se estaba trabajando en un plan para cambiar la situación en Cuba. El almirante Burke sugirió que cualquier plan para la sustitución de los dirigentes cubanos debía ser llevado hasta sus últimas consecuencias, ya que muchos de los dirigentes cercanos a Castro eran incluso peores que Castro”.
La Comisión Church describe otra reunión del Grupo Especial en la Casa Blanca el 14 de marzo de 1960, a la cual asistieron Allen Dulles y el coronel J.C. King.
De acuerdo con el testimonio senatorial en los documentos desclasificados 15 años después, las actas archivadas de esa reunión informaban que hubo una discusión general en cuanto a cuál sería el efecto sobre la situación cubana de desaparecer simultáneamente Fidel, Raúl Castro y Che Guevara. El almirante Burke dijo que el único grupo organizado en Cuba en estos momentos eran los comunistas y que por lo tanto existía el peligro de que pasaran a tomar el control. El señor Dulles fue de la opinión que esto quizás no fuese desventajoso ya que facilitaría una acción multilateral por parte de la OEA. El coronel King dijo que había pocos dirigentes identificados hasta ahora capaces de hacerse cargo de la situación.
El 17 de marzo de 1960, el presidente Eisenhower dio luz verde al programa de actividades encubiertas contra Cuba.
(Tomado de Bohemia)

domingo, 4 de octubre de 2015

El ocaso del imperio estadounidense

Por: 

Medio siglo de la Carta del Che a Fidel (+ Facsímil)

carta del che a fidel
A 50 años de su lectura durante el acto de integración del primer Comité Cen­tral del PCC, reproducimos el facsimilar de la carta de despedida de Ernesto Che Guevara. Su incorporación a las luchas por la soberanía del Congo y posteriormente de Bolivia, donde diera la vida, confirmó con hechos la profunda dimensión de sus palabras:
“Año de la Agricultura” 
Habana
Fidel:
Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos. Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera). Muchos compañeros quedaron a lo largo del camino hacia la victoria.
Hoy todo tiene un tono menos dramático porque somos más maduros, pero el hecho se repite. Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la Revolución Cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo que ya es mío.
Hago formal renuncia de mis cargos en la dirección del Partido, de mi puesto de Ministro, de mi grado de Comandante, de mi condición de Cubano. Nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no se pueden romper como los nombramientos.
Haciendo un recuento de mi vida pasada creo haber trabajado con suficiente honradez y dedicación para consolidar el triunfo revolucionario. Mi única falta de alguna gravedad es no haber confiado más en tí desde los primeros momentos de la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente claridad tus cualidades de conductor y de revolucionario. He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios.
Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.
Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y de dolor, aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos… y dejo un pueblo que me admitió como un hijo; eso lacera una parte de mi espíritu. En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo donde quiera que esté, esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura.
Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo. Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para tí. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo al que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos. Que he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra Revolución y lo sigo estando. Que en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario Cubano, y como tal actuaré. Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena: me alegra que así sea. Que no pido nada para ellos pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse.
Tendría muchas cosas que decirte a ti y a nuestro pueblo, pero siento que son innecesarias, las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera, y no vale la pena emborronar cuartillas.
Hasta la victoria siempre. ¡Patria o Muerte!
Te abraza con todo fervor revolucionario
Che

martes, 18 de agosto de 2015

Félix Rodríguez reconoce que dio la orden, en nombre de la CIA, de matar al Che

Antúnez y Félix rodríguez
Tomado de Cubadebate
El ex agente de la CIA, Félix Rodríguez Mendigutía, reconoció a una emisora de radio en Lituania que él mismo ordenó a los militares bolivianos, en nombre de la Agencia de Inteligencia de EEUU, que mataran a Guevara. Los asesinos del guerrillero revolucionario argentino-cubano Che Guevara, después de matarlo, querían cortarle la cabeza, aseguró además a la emisora de radio lituana Baltkom.
Rodríguez Mendigutía participó en la captura y asesinato del Che Guevara, asesinado a sangre fría durante un operativo de militares de Bolivia en colaboración con agentes estadounidenses el 9 de octubre de 1967.
Les llevó varios días decidir qué hacer… entonces el general Ovando Candia el jefe de los militares bolivianos dijo: ‘Necesitamos pruebas irrefutables para mostrar a (Fidel) Castro (que el Che estaba muerto)”, relata Félix Rodríguez Mendigutía, exagente de la CIA, quien participó recientemente en una provocación contra la delegación cubana que asistió en abril a la Cumbre de Panamá.
Rodríguez alega que trató de convencer a su equipo de que no podían entregar una cabeza cortada como prueba de la muerte de Guevara, por lo que sugirió cortarle un dedo para que pudieran ser cotejadas con las huellas dactilares, ha informado este sábado el portal de noticias Sputnik.
“Les llevó varios días decidir qué hacer… entonces el general Ovando Candia el jefe de los militares bolivianos dijo: ‘Necesitamos pruebas irrefutables para mostrar a (Fidel) Castro (que el Che estaba muerto)”, relata Rodríguez a una radio lituana.
El exagente de la CIA recuerda que el general ordenó cortarle las dos manos que luego fueron llevadas a Cuba.
El 8 de octubre de 1967, Ernesto Che Guevara y la guerrilla que comandaba sufrieron una emboscada del Ejército boliviano y un día después se dio el anuncio oficial de su muerte. Varios testigos dijeron que el Che había sido capturado vivo y luego asesinado fríamente.
El propio Rodríguez, en un libro autobiográfico “Guerrero en las sombras” (Shadow Warrior), relata las operaciones de la CIA en América Latina y las horas finales del Che. En una parte, reconoció también que él ordenó a los militares bolivianos que mataran a Guevara e incluye una foto en la que aparece junto al guerrillero tras ser capturado.
El pasado mes de abril, los hijos del Che enviaron una carta de protesta a los organizadores de la Cumbre de las Américas por la presencia del ex-agente de la CIA en Panamá, anfitriona del evento.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Benicio del Toro: “El show solo me gusta cuando estoy trabajando”

Foto: K.
Benicio del Toro. Foto: K.
A mi amigo Antonio Boada, por abrirme esta puerta…
Al final… al final todo fue apuro porque “acaba de llegar mi invitado, ya te decía que almorzaría con un amigo”, pero yo, satisfecho, “tranquilo, ha sido un privilegio esta entrevista”, y él, disimulando la premura, “creo que ahí tienes suficiente material para escribir”. Le di la mano y “gracias, muchas gracias”.
Acababa de conversar poco más de media hora con un actor de Hollywood. Mejor dicho: un Actor, con “a” capitular, porque obviamente no es lo mismo un tipo con un Oscar, una Palma de Oro, un Premio Goya, que cualquier Jackie Chan o Sylvester Stallone, patadas van y balas vienen sin sentido ni justificación. Lo cierto es que jamás había estado delante de una estrella del cine mundial. Nunca, hasta que una conjunción propicia de los astros me sentó enfrente de Benicio del Toro en la terraza del Hotel Nacional.
Yo llegué antes. Por espacio de cinco minutos esperé a que bajara de su habitación, y entonces entró en escena el personaje, ajada la camisa, desordenado bajo la vieja gorra el cabello teñido de rubio para alguna película en ciernes. Caminó hacia mi mesa con la más acabada expresión de compadrito, sonrió levemente y acomodó en la silla sus seis pies de sangre española, italiana y amerindia.
Desde el primer momento, Del Toro se me pareció a Javier Rodríguez, su policía sin tacha en Traffic. Traté de ver algún detalle que lo ligara con Fred Fenster, el delicioso malhechor de Sospechosos Habituales, o con el guerrillero Che Guevara que encarnó para su amigo Steven Soderbergh. Pero aquella mirada reticente me llevaba, indefectiblemente, al agente incorruptible que le dio el premio de la Academia en el año 2000.
Nada delató en él al hombre acostumbrado a los platós, la reverencia universal y el grito de la fama. No daba la impresión de haber estado a las órdenes de Bryan Singer, Terry Gilliam, Sean Penn, o de haberse codeado con Robert De Niro, John Travolta, Matt Damon, Julia Ormond, Kevin Spacey, Anthony Hopkins…
Todo el tiempo habló bajo, casi entre susurros, sopesando cada palabra con la vista perdida en derredor, inquieta, como si se quisiera resguardar de un enemigo inexistente. Y fumó sin clemencia: en 37 minutos de diálogo, casi siempre tuvo un cigarrillo entre los dedos. Un cigarrillo Hollywood, acaso para tener presente que es actor. Uno de los mejores hoy en día.
Debo admitirlo: muy poca ganancia le saqué a mi socorrido recurso de la provocación. Benicio del Toro es un raro ejemplar puertorriqueño que hace de la ecuanimidad un mecanismo de supervivencia, y evade las preguntas incisivas con una elegancia educada en tantos años de contacto con los medios de comunicación. Jamás lo vi fruncir el ceño. Ninguno de sus gestos mostró incomodidad. Era solo uno más en la terraza.
-Déjame fumarme esto y luego me haces las fotos. ¿Qué es Cubadebate, un magazine?
-No, un sitio digital. El más visitado del país. ¿Ya puedo preguntarle, o prefiere tomarse primero el café?
-¿Y qué me vas a preguntar?
-Hablar con usted y no tocar el tema del cine es casi un sacrilegio. De eso y de algo más quisiera preguntarle.
-Pero mejor tengamos una conversación, no me pongas a contestar un cuestionario.
-Como quiera. Hablemos entonces. Quiero saber qué magnetismo tiene Cuba que Benicio del Toro regresa una y otra vez…
-Su gente, su historia… He venido muchas veces. Del 2001 al 2007 vine aquí frecuentemente a hacer el trabajo investigativo para las películas del Che, y en ese tiempo conocí a muchas personas, hice muchos amigos. Así es como pasan las cosas.
-Dicen que las películas dejan cicatrices en el alma del actor.
-Los personajes te educan de una u otra manera. Por ejemplo, en Miedo y Asco en Las Vegas, leyendo el libro y conociendo al autor, Hunter S. Thompson, se me abrió un nuevo modo de ver la literatura. Con Traffic me pasó igual, al trabajar directamente con una problemática tan delicada como la de las drogas. Y la película del Che, monumental, me enseñó mucho de historia de Latinoamérica. Creo que es la que más me ha marcado.
-En esa película, alguien afirma que para ser revolucionario hay que estar un poco loco. ¿Comparte ese criterio?
-Entre muchas otras cosas, hay que añadir eso. ¿Tú preguntas si yo estoy un poco loco para hacer lo que hago? Bueno, quizás lo esté.
Entonces sonrió. Tomó la taza de café, se me quedó mirando y murmuró:
-Hay que ser un poco atrevido. Más de lo normal. Aunque no del todo loco, porque hay que ser consecuente y tener orden y preparación. Pero sí, definitivamente hay que estar un poco loco para ser revolucionario y también para meterte a actor, que es alguien cuya carrera está en las manos de otros: el director, el escritor, el productor… La carrera del pintor o del músico está en sus propias manos; la de uno, no.
-¿Cree que cine y compromiso político deben ser un matrimonio, o pueden prescindir uno del otro?
-Pueden andar juntos, pero también es posible hacer buen cine con el único propósito de entretener. Porque al final de cuentas la idea del cine es escaparse.
-¿Cómo se abren paso las minorías latinas en Hollywood?
-Es complicado. Aquel cine resulta difícil para el latino, el modelo funciona parecido al del afroamericano o el italoamericano. Mira este año, a Alejandro González Iñárritu –que es mexicano- le dieron una ducha de Oscars, pero él los merecía hace tiempo. Algunos latinos llegan a Estados Unidos con un trabajo hecho en sus propios países, como Diego Luna o Gael García Bernal. Otros, en cambio, son formados allá, como es mi caso. El problema es que al latino lo van a invitar a hacer de latino, y el que escribe los libretos seguramente no lo es. Entonces serás narcotraficante, maletero, no sé… Porque esa es la pregunta verdadera: ¿Cuántos escritores latinos están en la industria, haciendo historias que le interese contar a Hollywood?
-Usted ha hecho de villano muchas veces. ¿Realmente es mejor ser el malo de la película?
-Es lo que hay, yo lo que hago es tratar de hacerlo interesante. El villano lo que puede usar un poco más la imaginación, crear más. Tiene mayor cuota de libertad por parte del guión, del director, y también del que lo encarna.
-A un periódico español le declaró que adora el misterio que esconde una pantera negra. ¿Cómo alguien que trabaja para estar en los ojos del mundo, puede ser una persona reservada, introvertida?
-Hay actores extrovertidos, y otros que no. Es como ocurre con el resto de la gente. Algunos prefieren el show; a mí solo me gusta cuando estoy trabajando. Soy un hombre calmado.
-¿Entonces queda poco de aquel picapleitos que fue en su infancia?
Puede que esta pregunta lo haya tomado por sorpresa. De ahí que volvió a mirarme fijo, como con ganas de decir “me tienes estudiado”. Pero no me lo dijo. Se limitó a otra chupada al cigarrillo, otra cortina de humo, otra sonrisa comedida.
-Pero era picapleitos para que no me agarraran. Ahora ya es distinto, porque no hago maldades. Salvo una que otra, claro está.
-¿Cómo se aprende a convivir con la fama?
-Día a día. No sé…
-¿Pesa mucho llevarla?
-Un poco. Ahora mismo es duro hablar con el “flash, flash, flash” de esa cámara de fotos. A veces estás en el aeropuerto y hay un desconocido que te está filmando… Actualmente todo el mundo es fotógrafo, hay poca privacidad. Aunque si te pones a pensar mucho en eso, puede entrarte el pánico. Fíjate, yo no sabía que me iban a tirar fotos aquí y ni me peiné, menos mal que me puse la gorra.
-Igual puedo esperar a que se peine…
-No macho, si voy a peinarme no vuelvo.
-Seguimos pues. Entonces usted vive con pánico desde 1995, cuando hizoSospechosos habituales
-Lo que dije fue que no puedes vivir en el pánico. Eso hay que evitarlo.
-¿Es el cine la literatura de los siglos XX y XXI?
-Claro está. Ya te decía que el cine es de equipo, un fenómeno muy complejo donde se unen todas las artes.
-¿Por qué lo acompaña la fama de ser un tipo complicado?
-Esa pregunta es para otra gente. Tienes que preguntarle a los que lo han dicho.
-Usted nació en Puerto Rico, vivió desde muy joven en Estados Unidos y tiene nacionalidad española. ¿Se siente de todas partes?
-Yo me siento puertorriqueño. No obstante, no es menos cierto que mi decisión de ser actor surge en Estados Unidos, toda mi preparación en el cine la obtuve allá, y lo que soy se lo debo a eso.
-¿Se considera un buen actor, un gran actor, o un hombre que tuvo la suerte de estar en la estación cuando el tren pasaba por ella?
-Yo creo que he tenido suerte, que he tenido talento, creo que en ciertos momentos he sido mejor que en otros. He tenido suerte, sí, pero ha llegado acompañada por el esfuerzo, la disciplina y el entusiasmo. Hay muchos actores de hoy que me gustan mucho, no creo que debiera ponerme a decir “yo soy un gran actor, caballo”, eso que lo digan otros. No creo que me toque a mí decirlo.
Foto: K.
Foto: K.
Foto: K.
Foto: K.
Foto: K.
Foto: K.

miércoles, 8 de abril de 2015

Frustran provocación del asesino del Che contra Cuba en Panamá

Parque. Foto: David Vázquez Abella.
Parque Belisario Porras, frente a la Embajada de Cuba en Panamá. Foto: David Vázquez Abella.
Grupos de panameños frustraron una provocación organizada por Félix Rodríguez Mendigutía, responsables de la identificación y asesinato del Che, quien se presentaría frente a un parque próximo a la Embajada cubana supuestamente para ponerle flores a un busto de José Martí.
Inmediatamente que se supo la noticia, sindicalistas panameños e integrantes de redes sociales que participarán en la Cumbre de los pueblos, en la capital itsmeña, se presentaron en el parque Belisario Porras, frente a la sede de la Embajada cubana, donde efectivamente existe un busto de José Martí y otro de Antonio Maceo.
De acuerdo con personas que estaban en el lugar, el Historiador de La Habana, Eusebio Leal, improvisó un emotivo discurso en el que convocó a “la protesta de Baraguá”, por esa infamia.
Sin embargo, cuando se retiraron los cubanos, aparecieron dos microbuses blancos con una decena de contrarrevolucionarios, entre ellos José Luis García (Antúnez), el “defensor de los derechos humanos” que aparece en una foto con Félix Rodríguez Mendigutía, que participó en el asesinato del Che.
Félix Rodríguez fue enviado en 1967 por la CIA a Bolivia con la orden de identificar y  matar al Che Guevara. Esta idea surgió inmediatamente después de que Régis Debray, confirmara la presencia de Guevara en el grupo guerrillero de Ñancahuazú.
En junio de ese año se le ofreció la misión y el 1 de agosto ya estaba en La Paz bajo la identidad encubierta del empresario Félix Ramos, acompañado de otro agente cubano-estadounidense, Gustavo Villoldo.
Rodríguez se instaló en la zona de combate, torturó e interrogó a los prisioneros y fue quien envió al Batallón Ranger a la zona de La Higuera, donde finalmente capturaron a Guevara.

La NED en el Parque Porras

Carro de la NED en el Parque Porras. Foto: David Vázquez
Carro de la NED en el Parque Porras, mientras se esperaba la llegada de Félix Rodríguez y sus amigos de la contrarrevolución. Foto: David Vázquez
Carro de la NED en el Parque Porras. Foto: David Vázquez
Carro de la NED en el Parque Porras. Foto: David Vázquez
Carro de la NED en el Parque Porras. Foto: David Vázquez
Carro de la NED en el Parque Porras. Foto: David Vázquez