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viernes, 1 de abril de 2016

El gran error de Obama: Pedir a los cubanos que olvidaran su historia.

Por Edmundo García

El mundo aguardaba, expectante, el anunciado discurso del Presidente Obama en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. Contrariamente a lo que propagó la extrema derecha, por estos días más rencorosa y envidiosa de lo habitual por todo lo que está sucediendo en Cuba, el Presidente de los Estados Unidos se expresó con total libertad. Sus palabras tuvieron una gran repercusión y se interpretaron en muchos sentidos; incluyendo los opuestos.
Las autoridades cubanas fueron respetuosas y la delegación oficial que se encontraba en el Gran Teatro, encabezada por el Presidente Raúl Castro Ruz, se puso de pie al concluir la pieza oratoria del invitado y lo saludó comedidamente, con los aplausos que indica el protocolo y el buen gusto.
Quienes revisaron la prensa escrita y los comentarios en los medios de difusión cubanos, pudieron comprobar la existencia de una respuesta general sobre algunos puntos del discurso de Obama que no fueron frontales, ni totalmente claros, y cuya ambigüedad permitía interpretarlos como una intromisión en los asuntos internos de Cuba. Ya se sabe lo celoso que es el pueblo cubano con su soberanía; hasta los gestores del injerencista plan “Zunzuneo” reconocieron con impotencia que los cubanos hacían críticas y chistes políticos, pero si los hacía el extranjero se le reviraban. No hay que equivocarse: Cuba es profunda y es exigente.
Al dejar La Habana el martes 22, el presidente Obama se dirigió a Argentina donde repitió algunas de sus ya repetitivas frases sobre el futuro, la nueva época, el cambio, el sí se puede; sin que mencionara el actual contexto argentino, donde un gobierno “viejoliberal” está llevando al despido de maestros, bibliotecarios, trabajadores de televisiones y teatros; a la vez que disfruta del beneplácito del gran capital internacional y los agroexportadores antinacionales.
Como si de repente se hubiera olvidado de algunas de las cosas que dijo en Cuba, como si no recordara que durante su estancia en La Habana el Secretario de Estado John Kerry sostuvo conversaciones con las partes comprometidas con el logro de la paz en Colombia, el presidente Obama prometió apoyar al derechista Mauricio Macri para que se convirtiera en un líder de influencia continental, para que lleve adelante en la región esa política “impresionante”, que fue como Obama calificó a los primeros cien días de Macri en el gobierno. Ya varios periodistas han advertido que en algunos conatos contra los presidentes Nicolás Maduro y Evo Morales, se pudieron ver personas portando carteles que decían “Viva Macri”.
Recuerdo esto para que se tenga una idea del ambiente de desconcierto que existía en los medios políticos, en la prensa y en las redes sociales sobre el alcance real de las declaraciones de Obama en sus viajes a Cuba y Argentina; cuando este lunes 28 de marzo aparece el esclarecedor artículo del Comandante en Jefe Fidel Castro “El hermano Obama”, que puso las cosas en su sitio. Califico el artículo como esclarecedor por la autoridad histórica, política y moral de quien lo firma, pero también porque a diferencia de otras opiniones sobre el discurso de Obama en La Habana, la opinión escrita de Fidel no se pierde en devaneos, no titubea ni se enreda en si va a molestar a este o al otro. Fidel, como siempre, con una prosa preclara, revela lo que hay escondido y opina desde la historia y con sentido de futuro.
Y por ahí empieza Fidel, por la historia. Porque no hay futuro sólido si no se construye sobre la experiencia; y no hay historia edificante si no se busca y se dice la verdad. La visión de Fidel es en este aspecto muy distinta, mejor dicho opuesta, a la sugerencia de Obama sobre olvidar el pasado para construir el futuro. No, para nada, no se puede construir el futuro si no se tiene en cuenta el pasado. Integralmente, que es lo que señala Fidel a Obama, quien olvidó mencionar la explotación y exterminio de los pueblos nativos, tanto de Cuba como de Estados Unidos, a mano de los llamados “conquistadores”.
Las fuerzas progresistas en Argentina también le exigieron a Obama respeto por la verdad histórica. Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, y otros líderes le pidieron que hablara sobre el papel de Estados Unidos en el sostenimiento de las dictaduras militares en Argentina y en América Latina en general. Obama respondió con algunas de esas evasivas a que ya nos tiene acostumbrados. Pero de una cosa sí se puede estar seguro: Obama se llevó el convencimiento de que ni Cuba, ni Argentina, ni América Latina están dispuestas a construir una relación con Estados Unidos que pase por el olvido de la historia. No lo va a lograr Estados Unidos aunque Macri censure a Telesur en Argentina, o quiera salirse de los organismos de integración que han creado los políticos progresistas latinoamericanos.
El periódico Granma publica hoy martes una nota de la redacción internacional titulada “Artículo de Fidel recorre el mundo”, donde reseña parte de las repercusiones que ha tenido la reflexión “El hermano Obama”. No podía ser de otro modo. Fidel lleva tiempo tratando de tú a tú con políticos norteamericanos; conoce muy bien la cultura, la geografía, la psicología social de Estados Unidos.
Hay un pasaje en el artículo de Fidel que es toda una lección para aquellos a quienes nos gusta estudiar y polemizar. Fidel cita primero, brevemente, una frase del discurso de Obama; frase que como recordarán fue aplaudida “disciplinadamente” por algunos de los presentes en el Gran Teatro de La Habana. Dice esa frase de Obama: “Es hora ya de olvidarnos del pasado, dejemos el pasado”.
Y es entonces cuando Fidel, que debatiendo es un especialista, aprovecha para lograr un párrafo de máximo alcance, estratégico: “Se supone que cada uno de nosotros corría el riesgo de un infarto al escuchar estas palabras del Presidente de Estados Unidos. Tras un bloqueo despiadado que ha durado ya casi 60 años, ¿y los que han muerto en los ataques mercenarios a barcos y puertos cubanos, un avión de línea repleto de pasajeros hecho estallar en pleno vuelo, invasiones mercenarias, múltiples actos de violencia y de fuerza?
Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura.
Advierto además que somos capaces de producir los alimentos y las riquezas materiales que necesitamos con el esfuerzo y la inteligencia de nuestro pueblo. No necesitamos que el imperio nos regale nada.”
Si alguna prueba faltara para mostrar los dobleces del discurso del presidente Obama, se ha publicado el dato de que solo unas hora después de que se despidiera del pueblo y las autoridades cubanas, el Departamento de Estado anunció un programa que destina 800 mil dólares para formar líderes ilusos para cambiar al gobierno al que supuestamente Obama le está proponiendo trabajar juntos para edificar un mejor futuro para sus pueblos.
Así de sorprendente suele ser la historia: Quien ha sepultado para siempre a la falsa oposición pagada desde el extranjero fue el propio presidente Obama cuando pidió a los cubanos que olvidaran su historia. Un desliz, un error irreparable. Y no hubo entre sus asesores expertos en Cuba uno solo que se lo advirtiera.

jueves, 10 de marzo de 2016

Dos refranes entre #Cuba y #Obama

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Por Iroel Sánchez
A menos de un mes de la visita a Cuba del Presidente Barack Obama, cual alfombra roja que lo preceda, el gobierno estadounidense ha venido adoptando en secuencia acciones que en nada contribuyen a sus objetivos de generar simpatías en el pueblo cubano.
El 26 de febrero la Oficina para el Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, multó por 304 706 dólares a la empresa Halliburton por prestar servicios a la compañía cubana Cuba Petróleo, demostrando con esa acción que como denunció Josefina Vidal, Directora de América del Norte de la cancillería cubana, en su cuenta en de la red social Twitter, que “el bloqueo a Cuba sigue aplicándose con rigor por EE.UU.”.
El 2 de marzo, An­tony Blinken, Subse­cretario de Estado de los Estados Unidos asoció en el Consejo de Dere­chos Hu­ma­nos de la ONU, que sesiona en Ginebra, la visita de Obama a Cuba a pronunciamientos injerencistas y repitió el discurso hostil que EE.UU. ha sostenido tradicionalmente en esos espacios para justificar el bloqueo. La delegación diplomática cubana presente allí respondió aludiendo a las prácticas represivas y discriminatorias muy frecuentes en territorio estadounidense —“la discriminación ra­cial, la violencia policial, el mal­trato a los inmigrantes y la tortura a detenidos”— reiterando que el bloqueo contra la Isla“es la principal violación que se comete contra los derechos humanos de todo un pueblo, y que durante los últimos meses se ha agudizado con la imposición de sanciones millonarias contra entidades bancarias y financieras internacionales, con el fin de intimidarlas y obstaculizar las transacciones económicas y financieras de Cuba”.
Casi inmediatamente después, se conoció que no se efectuaría una anunciada visita del Secretario de Estado John Kerry a La Habana, quien en una audiencia del Congreso estadounidense el 23 de febrero había dicho con respecto a Cuba:
“Debo ir allá en una semana o dos, para tener específicamente un diálogo sobre derechos humanos”.
Los medios de comunicación no pueden concebir que una relación entre iguales supone que el país pequeño y que no es una potencia económica, militar y mediática se sienta ofendido y juzgue inconveniente la visita del jefe de Blinken después de las agresivas palabras de este en Ginebra, pero la lógica indica que es eso lo que puede haber sucedido. Los medios tampoco tuvieron en cuenta que fue Cuba la que en julio de 2014 propuso a Estados Unidos sostener un diálogo bilateral sobre derechos humanos, que fue reiterada en enero de 2015, cuando fue aceptada por las autoridades estadounidenses, efectuándose un primer encuentro el 31 de marzo de ese año en Washington, y que concluida esa reunión, el jefe de la delegación cubana, Pedro Luis Pedroso Cuesta, declaró en con­­ferencia de prensa que el clima de trabajo fue respetuoso y profesional, y que las partes habían decidido “mantenerse en contacto por los canales diplomáticos respecto a po­­si­bles nue­­­vos intercambios, sus fechas, se­des y agendas”. No han existido nuevos encuentros bilaterales sobre el tema pero la diplomacia estadounidense aprovechó un foro multilateral de la ONU para agredir a la Isla, vinculándolo a la visita de Obama.
Acaba de anunciarse que Ben Rhodes, asesor adjunto de Seguridad Nacional del Presidente Barack Obama, viajará a Miami la próxima semana para reunirse “con los líderes de la comunidad cubanoamericana y aliviar las preocupaciones sobre el histórico viaje del mandatario a La Habana a finales de marzo”. Lo anterior pareciera revelar el objetivo de las declaraciones de Blinken en Ginebra, sobre todo si se sabe que para la Casa Blanca “los líderes de la comunidad cubanoamericana” son los congresistas de extrema derecha y miembros de organizaciones financiadas tradicionalmente por el gobierno norteamericano para la desestabilización de la Isla. La popularidad de esas personas ha venido retrocediendo en los últimos tiempos precisamente por oponerse a la nueva política de EE.UU. hacia Cuba. A esas mismas personas va dirigido el mensaje que se filtró a la prensa sobre la supuesta firmeza con que Washington estaría defendiendo la posibilidad de que Obama pueda dirigirse por televisión a los cubanos y encontrarse con los “disidentes” que están vinculados en todos los casos a estos grupos de Miami y que a través de ellos reciben los recursos que les asigna el gobierno estadounidense, a pesar de que los propios diplomáticos norteamericanos en La Habana los han descalificado como oposición creíble y han señalado su desconexión de la sociedad cubana.
Pero, es insólito que la prensa estadounidense presente como resultado de un pulseo con el gobierno cubano las transmisiones en vivo de las actividades y discursos de Obama o la posibilidad que este tendrá la posibilidad de reunirse con quien desee, cuando ambas cosas ya ocurrieron sin sobresaltos durante las visitas a la Isla del expresidente James Carter y el Secretario de Estado John Kerry, cuyas intervenciones en la reapertura de la embajada estadounidense en La Habana y en la conferencia de prensa que ofreció en el Hotel Nacional de Cuba fueron transmitidas íntegramente por la televisión cubana. Sólo la necesidad de vestir como “victoria sobre el régimen totalitario de los Castro” lo que es algo esperado como normal por la población de Cuba y que ya esos mismos medios se ocuparon de difundir en casos anteriores puede explicar semejante manipulación.
¿Finalmente?, el 4 de marzo, Obama decidió prorrogar por un año la vigencia de la Orden Ejecutiva 13692 firmada el 8 de marzo de 2015 declarando “emergencia nacional” por considerar a Venezuela —el principal aliado de Cuba en la región— “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos”. Esta vez no respondió la diplomacia cubana, una “Declaración del Gobierno Revolucionario” calificó de “arbitraria y agresiva” la decisión estadounidense y reiteró
“de manera resuelta y leal su apoyo incondicional y el de nuestro pueblo a la hermana República Bolivariana de Venezuela, al legítimo gobierno del Presidente Nicolás Maduro y a la unión cívico-militar del pueblo bolivariano”.
Un día después, la presencia en Caracas del Primer Vicepresidente cubano, Miguel Díaz Canel, sirvió para argumentar más esa postura sobre la decisión de Obama contra Venezuela:
“Una vez más, el imperio demuestra que no ha cambiado su esencia agresiva y su desprecio hacia nuestros pueblos, reiterando sus amenazas contra una nación hermana, pacífica y solidaria, e ignorando la indignación y rechazo unánimes que suscitó la promulgación de esta infame Orden hace apenas un año”.
Los refranes suelen dar consejos muy sabios. No se puede tener misa en Miami y procesión en La Habana y el que mucho abarca poco aprieta. Todas estas acciones hostiles de EE.UU. hacia Cuba y su aliado venezolano, no solo han generado la correspondiente respuesta cubana, sino que han sido ampliamente difundidas por los medios cubanos y aunque su objetivo es conseguir un perdón imposible de quienes han vivido toda la vida de la confrontación entre los dos países, lo que sí hacen es disminuir la simpatía que espera encontrar el Presidente Obama en Cuba y dar la razón a quienes han venido alertando sobre el hecho de que Washington no ha renunciado a su comportamiento imperial con la Isla.
Tomado de Cubahora

jueves, 29 de octubre de 2015

Obama: habla mucho, hace poco

(Por Atilio A. Boron) Una de las preguntas que es posible formularse desde Cuba es por qué el criminal bloqueo aplicado en contra de Cuba desde hace más de medio siglo –de lejos, un record absoluto a nivel mundial por su radicalidad, ensañamiento y duración- todavía se mantiene sin cambios. Las bellas palabras y los amables gestos de Barack Obama, John Kerry y otros altos funcionarios del régimen norteamericano. Digo “régimen” porque en ciencia política así se califica a cualquier gobierno que viola los usos y costumbres de la comunidad internacional, su legalidad y las resoluciones de las Naciones Unidas. Casos notables de “régimen” son los gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel, para los cuales todo lo anterior carece de importancia, se burlan de las disposiciones y recomendaciones de las Naciones Unidas y actúan haciendo de la prepotencia y la impunidad el rasgo distintivo de su gestión gubernativa.


En el caso que nos ocupa y a diez meses del histórico anuncio conjunto del presidente norteamericano y su par cubano nada ha cambiado. Como dicen algunos amigos de la isla, en donde la ironía y el sentido del humor son tan afilados como el mejor acero, la canción de moda que se canta hoy en Washington cuando se habla de Cuba dice en uno de sus versos “killing me softly”, o sea, “mátame dulcemente”. El objetivo del imperio es el mismo de antes: precipitar el derrumbe de la revolución y promover, mediante iniciativas inocentes sólo en apariencia el logro del tan anhelado “cambio de régimen”. Ahora con dulzura, antes, con los predecesores de Obama, apelando al sabotaje, la invasión y los atentados. Pero el objetivo estratégico no ha cambiado. Para los distraídos recuerdo que cuando en Washington se habla de “cambio de régimen” de lo que se trata es de fomentar una guerra civil, perpetrar indecibles atrocidades y, de ser posible, apoderarse de esos desdichados países y sus riquezas. Los ejemplos más recientes son Libia, Irak y Afganistán, y lo que hoy se está intentando en Siria. Por supuesto, las cubanas y los cubanos saben muy bien esto, porque si hay un pueblo que conoce a Estados Unidos y su clase  dominante ese pueblo es el cubano. Por eso no están sorprendidos por la continuidad del bloqueo y las enormes dificultades que esto les ocasiona en su cotidianidad. Obama eliminó a Cuba de la lista de países auspiciantes del terrorismo, lugar al que había sido confinado por uno de los presidentes más ignorantes y brutales de la historia de los Estados Unidos, el semianalfabeto Ronald Reagan. Pero todavía no se puede operar con tarjetas de crédito que, directa o indirectamente, tengan relación con un banco o una empresa norteamericana; el acceso a internet sigue siendo un dolor de cabeza para las empresas, los funcionarios, los académicos y el público en general, víctimas de una de las formas más sutiles de asfixia de una sociedad en el mundo actual. La reciente visita de la Secretaria de Comercio de Estados Unidos no permite apreciar ningún cambio concreto en el corto plazo. Como lo hemos dicho en numerosas oportunidades la Casa Blanca cuenta con suficientes atribuciones como para poder dar pasos muy importantes que redundarían en beneficio de la vida de los cubanos, cuya condición un documento del gobierno norteamericano (Estrategia de Seguridad Nacional 2015) asegura querer mejorar. En ese texto se establece la necesidad de que los cubanos “decidan libremente”  sobre su futuro. Resulta por lo menos paradojal que para poder decidir en libertad Washington considere que la mejor ayuda es establecer toda clase de obstáculos para acceder a internet, dificultar las relaciones económicas entre los dos países, mantener restricciones a los viajes o límites a los objetos que los residentes en Estados Unidos pueden adquirir en la isla y toda una interminable lista de limitaciones que más que encaminadas a fomentar el florecimiento de la libertad en Cuba, como asegura el citado documento, fueron concebidas para hostigar a una población, provocar su malestar y crear un clima de opinión sedicioso y destituyente. Obama debería recordar, además, que el bloqueo es una flagrante violación de los derechos humanos y la legalidad internacional, y que haría una importante contribución a la humanidad si comenzara a desmontar esa infernal maquinaria de dolor y de muerte.

sábado, 10 de octubre de 2015

Raúl en Nueva York


(Por Atilio A. Boron) 

Al Secretario de Estado John Kerry debería reconocérsele la hidalguía que trasuntan sus palabras cuando dijo, al explicar ante la prensa internacional el cambio de la política de Estados Unidos hacia Cuba, que “durante más de cincuenta años tratamos de aislar a Cuba del sistema hemisférico, y los que terminamos aislados fuimos nosotros”. Reconoció una gran verdad: a lo largo de esta pulseada de medio siglo la pequeña isla del Caribe, gigantesca por su proyección moral y por su condición de potente faro de referencia para los procesos de liberación en África, Asia y América Latina, terminó por imponer sus condiciones a la Roma americana: normalización de relaciones sin renunciar un ápice a los postulados de la revolución, sus conquistas históricas y sin abandonar siquiera por un momento la ruta escogida hacia su segunda y definitiva independencia. Claro que Washington tampoco archiva sus viejos planes: seguirá promoviendo el “cambio de régimen” en Cuba, lo que demuestra que, parafraseando a Jorge Luis Borges, “el imperio es incorregible”, y proseguirá con sus planes de dominación mundial denunciados a lo largo de décadas por Noam Chomsky, ese Bartolomé de las Casas del imperio norteamericano como apropiadamente lo llamara Roberto Fernández Retamar. 

El empecinamiento de Washington revela los alcances de la enfermiza obsesión cubana de la burguesía imperial: quieren apoderarse de esa isla desde hace más de doscientos años –como lo declarara en 1783 quien luego sería el segundo Presidente de Estados Unidos, John Adams- y no han podido. Pudieron con tantos otros países, pero no con Cuba. Esa obcecación, hecha crónica por el decurso de los siglos, se convierte en la madre de una conducta diplomática aberrante: se restablecen relaciones con Cuba pero se declara arrogantemente que no se cejará en el empeño por derrocar al gobierno con el que se “normalizan” relaciones y por acabar con las instituciones y las leyes de lo que, con desdén, se denomina “el régimen”. Esto en psiquiatría se llama “esquizofrenia”, en diplomacia se suele utilizar un término más amable: “duplicidad”, pero en el fondo es lo mismo. Y para lograr ese ilegal y sedicioso cambio de régimen -imaginemos la recíproca: ¡que Raúl Castro hubiera declarado que al normalizar relaciones con Estados Unidos La Habana no cejaría en sus esfuerzos para derrocar al gobierno y al orden social imperante en aquel país!- Washington apela a un arsenal de instituciones gubernamentales o no, todas financiadas por el Tesoro estadounidense, con el irreprochable, en el papel, propósito de “revitalizar a la sociedad civil”. El Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera, hace rato que viene denunciando el carácter de tentáculos del imperialismo de estas ONGs cuya verdadera misión es bien otra: socavar desde adentro a los gobiernos de izquierda y progresistas de la región. Esta consigna: “revitalizar a la sociedad civil”, es un conveniente eufemismo que encubre su verdadero objetivo: subvertir el orden constitucional y precipitar la caída de todo gobierno considerado inamistoso por, o insumiso ante, los mandamases del imperio. Ejemplos recientes y sumamente aleccionadores de la “revitalización de la sociedad civil” auspiciados por Washington son Ucrania, Libia, Siria y antes, en Nuestra América, Honduras y Paraguay. 

La heroica resistencia de Cuba es la que le otorga a ese país un prestigio internacional que sólo un puñado de grandes potencias pueden exhibir. Y eso fue siempre así, una constante en la historia de la Revolución. Es un lugar común entre los especialistas señalar que pese a su subdesarrollo la Cuba revolucionaria siempre tuvo una política exterior independiente. Aún en los años más férreos de la vinculación económica con la URSS y el Comecón Cuba hacía su política exterior en función de sus principios y de los intereses generales de la revolución en el Tercer Mundo. Contrariamente a lo que decían los dizque expertos norteamericanos, La Habana jamás fue un “proxy” de Moscú. Su decisiva participación en la liquidación del apartheid en Sudáfrica a través de la guerra en Angola fue obstinadamente rechazada por la URSS, pero Fidel hizo lo que sabía que debía hacer. Y tenía razón y por eso ganó. Lo mismo su apoyo a diversos movimientos de liberación nacional en Nuestra América, Asia o África, vistos con malos ojos por la burocracia soviética. Esta independencia, costosa y moralmente inobjetable, se traduce en el enorme prestigio otorga al país que procede de ese modo. Y Cuba lo tiene, en grado sumo. La reciente visita del Presidente Raúl Castro a Estados Unidos, con motivo de la Asamblea General de las Naciones Unidas, es una rotunda prueba de ello. Ningún otro presidente de América Latina y el Caribe tuvo una presencia tan destacada en Nueva York: el cubano pronunció tres importantes discursos: uno en la Cumbre de la ONU sobre los objetivos del desarrollo sostenible; otro, al día siguiente, 27 de Septiembre, en la  “Conferencia de líderes globales sobre igualdad de género y empoderamiento de las mujeres”, para concluir con la alocución presentada el 28 de Septiembre en el marco de la 70ª Asamblea General de Naciones Unidas. Aparte de ello mantuvo reuniones bilaterales con Barack Obama, Vladimir Putin, François Hollande; el Secretario General de la ONU Ban Ki-Moon, Alexander Lukashenko (Belarús),  Filipe Nyusi (Mozambique), Stefan Löfven (primer ministro de Suecia) y Nicolás Maduro, al paso que mantuvo un breve reunión informal con Xi Jinping y entrevistas con influyentes personalidades del país anfitrión como el expresidente Bill Clinton; diez Congresistas de ambos partidos: los senadores Patrick Leahy y Heidi Heiltkamp; con Andrew Cuomo (el poderoso Gobernador del estado de Nueva York), Bill de Blasio (Alcalde de la ciudad de Nueva York) y numerosos empresarios; residentes cubanos y activistas de la solidaridad.

Volviendo a lo de Kerry, Cuba no sólo no pudo ser “aislada del mundo”, como quería la derecha norteamericana y sus peones de Miami, sino que por la coherencia de su trayectoria, por la intransigencia absoluta en la defensa de sus principios se ganó el respeto de propios y ajenos. Al punto tal que para diseñar una nueva política para el hemisferio Washington tuvo primero que comenzar a desmontar su política en relación a Cuba. Esto era el prerrequisito necesario para comenzar a reconquistar la influencia perdida al sur del Río Bravo. A tal grado llega el respeto por la isla caribeña que aún gobiernos de derecha en la región se plegaron al coro de amigos que exigían el fin del bloqueo y del ostracismo al que había sido condenada por su inclaudicable derecho a ser dueña de su propio destino. Hacia fines de mes, el 27 de Octubre, volverá a ponerse a votación en la Asamblea General de la ONU la cuestión del bloqueo de Estados Unidos a Cuba. Hace más de veinte años que la mayor de las Antillas viene ganando esa votación por un margen escandaloso de votos. El año pasado 188 países condenaron el bloqueo (eufemísticamente llamado “embargo” por Estados Unidos) contra dos votos a favor del bloqueo (Estados Unidos y su verdugo regional, el gobierno genocida de Israel) y tres abstenciones de países de la Micronesia y de nula gravitación en el sistema internacional. Con los desarrollos abiertos desde el 17 de Diciembre pasado es probable que el resultado sea aún más contundente a favor de la isla. De todos modos, la comunidad internacional ya se ha expedido y el bloqueo a Cuba quedó inscripto en la historia como uno de los mayores crímenes perpetrados, por tanto tiempo, por la más poderosa superpotencia de la historia contra un pequeño gran país cuyo imperdonable pecado ha sido cumplir con el sueño libertador de Martí. No obstante, después de esta nueva victoria diplomática quedará un largo trecho por recorrer para si no acabar al menos atenuar los efectos del bloqueo: el presidente de Estados Unidos no puede alegar impotencia porque tiene en sus manos una serie de prerrogativas que le permiten hacerlo sin tener que pasar por el Congreso, hoy dominado por una turba inculta y reaccionaria que avergonzaría a los Padres Fundadores de la nación norteamericana. ¡Imagínense a un Washington, un Jefferson, un Hamilton, un Franklin, escuchando a esperpentos como Ileana Ros- Lehtinen, Marco Rubio y Lincoln Díaz-Balart o a quienes ovacionaron de pie en numerosas ocasiones las regurgitaciones racistas y genocidas de Benjamin Netanyahu! Obama puede hacerlo y hay algunas señales de que aspira a retirarse de la presidencia con algunos gestos que le permitan pasar a la historia con un balance final un tanto más favorable.

lunes, 24 de agosto de 2015

Nuestro antiimperialismo no se negocia.


Nuestro anti imperialismo no se negocia.

Ricardo Estévez*
Ya ha pasado casi una semana, desde que el Secretario de Estado John Kerry dejara oficialmente inaugurada la embajada estadounidense en Cuba, y todavía se oyen los ecos de estos sucesos en cuanto espacio exista para exponer un comentario. No es para menos pues estamos viviendo un momento trascendental en la historia de ambos países, a pesar de los ladridos que aún se oyen en la Casa Blanca en boca de un pequeño grupo de extremistas anti-cubanos.
Yo, por supuesto, quiero ser parte de este momento y exponer mi opinión sobre estos y otros hechos que se han venido sucediendo en estos memorables días. Quiero, ante todo, compartir el sentimiento generalizado que existe hoy en el pueblo cubano de satisfacción por compartir estos momentos junto a nuestros líderes históricos, Fidel y Raúl, quienes sembraron las semillas de los frutos que hoy estamos recogiendo.
A nadie le quepa duda, que si hoy estamos en este punto en las relaciones diplomáticas conEE.UU., es por nuestra intransigencia y apego a nuestros principios a los largo de estos 57 años de Revolución, es lo que los ha llevado a reconocer públicamente su fallida política contra nuestro pueblo.
No creo que hayamos dejado de ser antiimperialistas como ya varios medios han publicado, dejándose arrastrar por las matrices de opinión creadas y puestas en boca de alguien como parte del descrédito hacia nuestro país.
Primeramente decir que nuestro país siempre ha estado en disposición de normalizar las relaciones con los EE.UU. siempre y cuando se respetara nuestra soberanía e independencia, sin espacios para concesiones de principios; hay que estar claro que este proceso es indispensable dar solución a un grupo de problemas que afectaron o afectan a nuestro país, estamos hablando de la eliminación del bloqueo económico, comercial y financiero, la devolución del territorio ocupado ilegalmente como Base Naval en Guantánamo, el regreso de nuestros Cinco hermanos luchadores antiterroristas, el enfrentamiento a los principales delitos internacionales o la compensación por las víctimas del terrorismo y los daños económicos hechos a nuestro pueblo, por citar algunos ejemplos.
Tampoco se puede dejar atrás los lazos que siempre han unido a nuestros pueblos, desde el aporte dado por las mujeres cubanas a la Guerra de Independencia de las Trece Colonias hasta el valor del joven norteamericano, Henry Reeve, quien se unió a la causa emancipadora cubana hasta convertirse en General de Brigada del Ejército Libertador.
Nunca hemos sido enemigos del pueblo estadounidense, por el contrario Fidel siempre nos enseñó a respetarlos y conservar esos lazos que nos unen en la historia, muy diferentes a las políticas que sus gobiernos han dirigido contra Cuba. Ejemplos hay muchos, solo recordemos cuando el huracán Katrina azotó la ciudad de Nueva Orleans en el estado de Louisiana que nuestro país fue el primero en brindar ayuda humanitaria, para lo cual se creó el contingente de médicos internacionalistas Henry Reeve, o los cientos de ciudadanos estadounidenses de las clases más bajas que estudian hoy, gratuitamente, en la Escuela Latinoamericana de Medicina.
Tampoco olvidar la solidaridad mostrada hasta nuestros días por la organización Pastores por La Paz para con nuestra nación, encabezado por el Pastor y activista social Lucius Walker o el movimiento de solidaridad con Cuba en el propio territorio norteño que fue pieza clave en la lucha para la liberación de nuestros Cinco Héroes. A la memoria de Lucius Walker y a quienes como él fueron baluartes de solidaridad con Cuba y han batallado históricamente por la unión de nuestros pueblos, todo el respeto.
Kerry no recibió una ovación negativa, como suele ocurrir en la mayoría de los países a los que acude un funcionario del gobierno estadounidense, porque su visita no tenía como objetivo conspirar contra algún gobierno en la región, ni trazar tratados internacionales que favorezcan a las transnacionales, ni coordinar el asentamiento de bases militares, por solo citar algunos ejemplos; por el contrario su visita tenía como objetivo restablecer las relaciones entre dos países que llevaban 54 años sin relaciones diplomáticas.
Sólo agregar que nuestros principios son invariables y así se los hemos dejado claro al gobierno en cuanto diálogo previo se haya realizado para llegar a este punto clímax. Si hemos llegado hasta aquí ha sido precisamente por ser antiimperialista y el prestigio ganado en la región. No se equivoquen.
*Administrador Blog Miradas Encontradas

viernes, 24 de julio de 2015

John Dinges sobre las relaciones Cuba-EEUU: “Soy optimista”

John Dinges. Foto: La Otra  Voz, Chile.
John Dinges. Foto: La Otra Voz, Chile.
John Dinges es uno de los analistas políticos más reconocidos de Estados Unidos e invitado recurrente a los debates sobre América Latina, tema en el cual es un experto de culto. Fue él quien, en plena campaña por la Presidencia de los Estados Unidos, desenterró en 2008 la historia de que el aspirante republicano a la Casa Blanca, John McCain, había viajado hasta Santiago de Chile en 1985 para reunirse con el entonces dictador chileno, Augusto Pinochet. Este desconocido encuentro terminó siendo admitido por los portavoces de la campaña de McCain, con el consiguiente terremoto en la arena política de Washington.
Profesor asociado y director de la radio en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, escribió junto a Saul Landau el clásico Assassination on Embassy Row(Pantheon 1980), un libro que devela con espíritu detectivesco el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier y la mano de Pinochet con la anuencia de la CIA en este crimen.
De hecho, es la memoria de Saul la que nos junta en Washington, unas horas después de la reapertura de la Embajada de Cuba en Estados Unidos. Landau, que murió en septiembre de 2013 en su casa de Alemeda (California), fue documentalista e investigador, y un incansable batallador por la causa de los Cinco cubanos presos en Estados Unidos. Lo extrañamos, particularmente ahora que se han restablecido las relaciones entre los dos países, un acontecimiento que habría hecho muy feliz a este hombre de convicciones profundas, amigo de Dinges hasta el final de sus días, un personaje entrañable en privado y un ardiente conversador en público.
Finalmente, la entrevista está pactada, y empieza por donde debía.
-¿Qué habría usted conversado con Saul el 20 de julio? No tengo ninguna duda de que habría sido invitado a la ceremonia de reapertura de la Embajada de Cuba en Washington ese día.
-Para Saul, habría sido un dia trascendental. Había dedicado gran parte de su vida a la causa de Cuba, porque tenía un gran amor por Cuba que nacía con sus primeros viajes en los años 60, cuando andaba por toda la isla filmando a Fidel y a la revolución incipiente.  Muchas veces contaba Saul de las misiones y negociaciones “secretas” durante la presidencia de Jimmy Carter, cuando Saul y otros norteamericanos empujaba la apertura hacia Cuba.
No me atrevo a “channel” el espíritu de Saul desde su lugar de paz en otra dimensión, pero siento su presencia muy fuerte en estos días. Me habla, me reta, como siempre. Se queja de la cobertura de prensa, nos explica lo que realmente significa la presencia de la bandera cubana que flamea de nuevo en Washington, y nos recuerda de todo lo que queda por hacer para alcanzar la justicia, tanto en su país como en América Latina. Porque Saul también amaba a su país, con todos sus errores e injusticias. Y también,  seguramente, Saul habría tenido un chiste preparado para contarnos en la recepción de lunes, tal vez la del rabino, el sacerdote y el imán, que entraron al Bar Hemingway (John se refiere al bar dentro de la Embajada, especializado en mojitos, que lleva el nombre del Nobel estadounidense)…
-Algunos analistas consideran que este giro de la política de Obama respecto a Cuba obedece, como en otros momentos de la administración demócrata, a asuntos de política interna. ¿Es así?
-Creo que Obama esta muy consciente de su legado como presidente, de cómo la historia lo tratará. Habría que ver lo logrado con Cuba (romper un impasse de mas de 50 años de enemistad), junto con la reforma en el sistema de salud (realmente revolucionaria, en términos de EEUU) y –recién—con el acuerdo con Irán, que hace posible un camino a la no-guerra (para no decir a la paz) en el Medio Oriente. Con respecto a la política interna, ¡yo diría que es al revés! El hecho es que el tema de Cuba ha dejado de ser  decisivo en la política nacional, ni siquiera los es en el Estado de Florida. Obama ha aprovechado un consenso inmenso a favor de la normalización de relaciones con Cuba —la encuestas muestran niveles de aprobación por encima de 60 por ciento, y mayoritarias incluso entre Republicanos y cubanos-americanos.
-¿Cuáles han sido a su juicio los resultados tangibles en la relación bilateral desde el 17 de Diciembre?  
-Cuba deja de ser una isla misteriosa y inalcanzable para los norteamericanos. Es muy común —subrayo, muy común— escuchar a personas que nunca han pensado mucho en Cuba decir ahora: “Quiero ir, quiero conocer a Cuba antes de que se cambie demasiado. De hecho, los números de visitantes a Cuba desde EEUU se disparan.
Para Estados Unidos, la nueva relacion con Cuba elimina un escollo en las relaciones con toda la región, donde se consideraba la actitud de EEUU una irracionalidad y un estupidez. Pero,  ¿tangible? Los resultados no son muy tangibles. En Cuba, con excepción del aumento de turismo, la vida no cambia mucho por efecto de la nueva relación. Pero sí, tal vez en cuanto a esperanza para el futuro. Creo que eso sería otro dicho de Saul.
-¿Cuáles son a su juicio los mayores obstáculos que tiene por delante el proceso “largo y difícil” -como lo han reconocido ambas partes- para la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos?
-Sí. Primero, hay que reconocer que relaciones “normales” no son compatibles con la prohibición de viajar, con un embargo económico, con una historia reciente de operaciones semi-clandestinas por parte de Estado Unidos de fomentar descontento económico y social. Espero ver en el futuro cercano gestos de amistad y de acercamiento. Por parte de Estados Unidos, sería importante el desmantelamiento de la prisión de Guantánamo, y la reducción al mínimo de fuerzas militares en la base. Por parte de Cuba, un gesto de distensión hacia los cubanos de Miami no costaría nada, y podría tener beneficios enormes.
Los obstáculos existen tanto en la política cubana como en la política estadounidense. Hay mucha desconfianza, hay una historia larga de agresión. Pero habría que tomar en serio el ambiente de respecto y amabilidad que se ha notado esta semana en el primer encuentro en Washington entre los ministros respectivos, John Kerry y Bruno Rodríguez.
Pienso que a partir de este momento, el enfoque de cambios va a ser en lo económico, en lo técnico, en lo diplomático. Seria ilusorio esperar cambios radicales en las estructuras políticas en Cuba. Igualmente irrealista pensar que Estados Unidos va a dejar de hablar de democracia y derechos humanos.
Pero en las relaciones económicas, aun sin anular el embargo, se puede vislumbrar avances progresivas y irreversibles. Ya hemos visto el establecimiento del primer “pacto de corresponsalía” entre un banco de Florida y una de Cuba. En el campo de ventas de equipos electrónicos para expandir el sistema de internet/banda ancha, tengo entendido que las licencias han sido aprobado por Estados Unidos, y están a la espera de órdenes de Cuba.
La realidad es que no hay apuro en cuanto a lo que pasa con Estados Unidos. Lo importante ya pasó. Mas importante, pienso yo, es el proceso interno en Cuba, especialmente en las reformas económicas y financieras. Estados Unidos ha dejado de ser una amenaza a Cuba, pienso yo, pero todavía no es parte del dinamismo interno, no es un factor de cambio.  Y así debe ser, tal vez por mucho tiempo más, mientras Cuba decide y construya su nuevo camino.
-Si llega a la Casa Blanca una administración republicana, ¿vendrían abajo todas las decisiones de Obama en torno a Cuba?
-Creo que va a ser imposible volver atrás a la política de aislamiento de Cuba. No tiene que ver con Republicanos y Demócratas. La estabilidad del nuevo proceso hacia la normalización diplomática y económica viene del fuerte apoyo del proceso de parte de los múltiples sectores del mundo de la industria, de finanzas, de agricultura, y también en la misma comunidad cubano-americano. Ya no depende de los amigos políticos progresistas que empujaron el proceso históricamente. Ahora los interesados en el éxito del intercambio con Cuba tiene representación en casi todos los sectores de la sociedad norteamericana. Soy optimista.

lunes, 20 de julio de 2015

Bruno Rodríguez y John Kerry: Respeto e igualdad soberana, tono del encuentro (+ Fotos)

El Canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla y John Kerry, Secretario de Estado. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
El Canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla y John Kerry, Secretario de Estado. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
El Canciller Bruno Rodríguez y el Secretario de Estado, John Kerry, se reunieron hoy en el despacho privado del alto funcionario estadounidense por más tiempo de lo que se había previsto originalmente, y ambos sostuvieron más tarde un encuentro con la prensa en el Salón Benjamín Franklin del Departamento de Estado, donde primó “el tono de respeto e igualdad soberana”, según reconoció el Ministro de Cuba.
Kerry sorprendió gratamente al hablar en español para destacar que EEUU estaba dispuesto a convivir con Cuba como buenos vecinos. ”Por supuesto, esto no significa el final de las numerosas diferencias que separan a nuestros gobiernos”, agregó, sino que los intereses de ambas naciones pueden defenderse mejor a partir del acercamiento, no del “extrañamiento”, dijo.
Mientras, el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba dijo a en la rueda de prensa conjunta que “el Secretario de Estado y yo hemos ratificado el interés en normalizar los vínculos bilaterales, reconociendo que este será un camino complejo y largo que demandará de la voluntad de ambas partes”.
He reiterado al señor Secretario de Estado, añadió Rodríguez, la voluntad del Gobierno Cubano de avanzar en el proceso hacia la normalización de las relaciones con los EEUU sobre la bases de respeto e igualdad soberana sin menoscabo a la independecia y la soberanía de Cuba y sin injerencias en nuestros asuntos internos.
El secretario de Estado John Kerry  confirmó que abrirá la nueva embajada de Estados Unidos en La Habana el próximo 14 de agosto.
Los altos funcionarios discutieron sobre temas como la cooperación en el cumplimiento de la ley, la lucha contra el narcotráfico, las telecomunicaciones, el Internet, los derechos humanos y la trata de personas. También conversaron sobre la apertura de las embajadas.
Dijo que el cambio “nunca es fácil” pero “no hay nada más fútil que vivir en el pasado”.
Poco después de la una de la tarde (Cuba y EEUU comparte el mismo uso horario), se inició el encuentro privado entre Rodríguez y Kerry, para la tradicional foto del saludo entre los funcionarios en la oficina privada del estadounidense. Más de una hora y media después, ambos se encontraron con la prensa.

John Kerry: Estamos decididos a vivir como buenos vecinos

Bruno Rodríguez y John Kerry en el Salon Benjamin Franklin, del Departamento de Estado. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Bruno Rodríguez y John Kerry en el Salon Benjamin Franklin, del Departamento de Estado. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Con beneplácito el comienzo de su relación con el gobierno y el pueblo de Cuba, comenzó la conferencia de prensa conjunta el Secretario de Estado.
Estamos decididos a vivir como buenos vecinos, sobre la base del respeto mutuo, y queremos que nuestros ciudadanos en los Estados Unidos y en Cuba, miren hacia el futuro con esperanza, añadió.
Por ello celebramos este día, el 20 de julio, porque hoy empezamos a reparar lo que ha sido dañado, y abrir lo que ha estado durante demasiado tiempo ha estado cerrado.
Añadió que “este hito no significa el fin de las profundas diferencias que todavía nos separan. Lo que sí reflejan es la realidad: que la Guerra Fría terminó hace mucho tiempo, y que en interés de ambos países va a ser mejor un acercamiento diplomático que un alejamiento; y que hemos comenzado un proceso de normalización completo y que por supuesto va a llevar tiempo pero que va a beneficiar a los pueblos, tanto en Cuba como en los Estados Unidos”.
Este deseo de mirar hacia adelante fue lo que impulsó las conversaciones del día de hoy y lo que nos ha hecho llegar a este momento, aseguró.
“El ministro de Relaciones Exteriores y yo hemos abordado una gran cantidad de temas de interés mutuo: la cooperación en las fuerzas del orden, la lucha contra los estupefacientes, las comunicaciones, el internet, temas ambientales, derechos humanos, y también la trata de personas, y por supuesto también hablamos sobre la apertura de nuestras embajadas”, comenta.
Deseamos asegurarnos que estas embajadas puedan funcionar plenamente, y estamos seguros de que nuestros diplomáticos en ambos países van a tener la libertad de viajar y conversar con los ciudadanos de todo el país.
“Para poder liderar ese esfuerzo, me siento sumamente contento de tener un equipo de primera clase en Cuba, encabezado por el embajador DeLaurentis, Encargado de Negocios, quien es uno de los mejores y más experimentados servidores públicos. Felicito al ministro de Relaciones Exteriores Rodríguez por la apertura de la embajada de Cuba aquí en Washington esta mañana”, dijo Kerry.
Anunció que el 14 de agosto va a realizar su primer viaje como Secretario de Estado a Cuba, y a celebrar una ceremonia similar en la embajada de EEUU en La Habana, “pero antes de finalizar quiero agradecer a nuestros colegas de Suiza por el papel fundamental que desempeñaron durante mucho tiempo como un Estado protector, que por supuesto, terminó siendo mucho más tiempo de lo que se había anticipado”.
También deseo agradecer a nuestros amigos del continente que nos instaron, muchas veces durante décadas, que normalizásemos, y ahora han acogido con beneplácito nuestra decisión de hacerlo. Quiero agradecer la ayuda de nuestra subsecretaria Roberta Jacobson y todos los representantes que han trabajado tan denodadamente y que han permitido que se celebrase este día, añadió.
Reconoció el compromiso de todos aquellos que se interesaron por las relaciones de Estados Unidos y Cuba, “ya sea que estén de acuerdo o no. Los cambios no son fáciles, sobre todo cuando las relaciones están profundamente arraigadas, y aunque nosotros podemos y debemos aprender del pasado, no hay nada más inútil que vivir en el pasado”.
Aseguró que el presidente Obama y él creen “que podemos satisfacer las necesidades de nuestro pueblo con políticas para mejorar el futuro. Después de todo, no hay nada para perder y mucho para ganar. Alentando los viajes entre nuestros respectivos países, el intercambio de información, de ideas, la reanudación del comercio, y también la remoción de los obstáculos que han dificultado que las familias se visitasen”.
Dijo: “No nos equivoquemos; el proceso de la normalización plena de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba será largo y complejo. Obviamente, vamos a encontrar algunos momentos [de alegría] y también de frustración. Se va a necesitar mucha paciencia. Por lo tanto, debemos comenzar ya este viaje, porque es un viaje que debimos haber comenzado hace mucho tiempo, hoy con la apertura de nuestras embajadas y la visita del Canciller, estamos dando un paso histórico en la dirección correcta”.
Finalmente, aseguró que “tenemos que seguir avanzando en ambos países y tenemos que trabajar de manera abierta y con respeto… Les puedo asegurar a todo el mundo, inclusive al pueblo de Cuba, que los Estados Unidos van a cumplir con su parte… Y ahora, es un placer para mí, darle la palabra a nuestro invitado, el Ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez”.

Bruno Rodríguez: No habríamos llegado aquí sin la sabia conducción de Fidel

Perdón por haber llegado tarde, comenzó el Canciller cubano, y estas fueron sus palabras:
Hemos tenido un encuentro respetuoso y constructivo con el Secretario de Estado John Kerry. Fue de especial significación izar la bandera cubana por primera vez después de 54 años. No habríamos podido llevar a este momento sin la sabia condución del liderazgo histórico de la Revolución, encabezado por Fidel Castro, y sin la resistencia y autoderteminacion del pueblo de Cuba y su firme convinción de seguir el camino escogido soberanamente.
Hemos llegado hasta aquí también gracias al apoyo solidario de América Latina y el Caribe, de la inmensa mayoría de los países del mundo y de muchos estadounidense y cubanos patriotas residentes en este país que persistieron durante años en sus esfuerzos para que Cuba y los Estados Unidos tuvieran una mejor relación.
Con el Secretario de Estado hemos intercambiado sobre los asuntos tratados por los Presidentes Raúl Castro y Barack Obama en su encuentro en la Cumbre de las Américas en Panamá, sobre el estado actual de las relaciones y los avances que se han logrado desde los anuncios realizados el pasado 17 de Diciembre, incluyendo la salida de Cuba de la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo, donde nunca debió estar, y la ampliación de los intercambios sobre temas de interés común.
Trasladé el reconocimiento de nuestro pueblo y gobierno al presidente Obama por su decisión de trabajar por le cese del Bloqueo, de instar al Congreso a eliminarlo definitivamente y por su disposición a adoptar medidas ejecutivas que modifican la aplicación de algunos aspectos de estas políticas, que aunque han sido limitadas van en la dirección positiva.
Hemos subrayado que el Presidente de EEUU puede continuar usando sus prerrogativas ejecutivas para contribuir significativamente a la modificación de aspectos de la aplicación del bloqueo con vistas a su eliminación. No para buscar cambios en Cuba, que son de la exclusiva soberanía de la República de Cuba y de los cubanos, sino para atender al mejor interés de los ciudadanos estadounidenses.
Hemos insistido en que el levantamiento total del bloqueo es esencial para avanzar hacia la normalización de las relaciones bilaterales, así como la devolución del territorio ocupado ilegalmente en Guantánamo y el pleno respeto a la soberanía de Cuba; así como la compensación a nuestro pueblo por daños humanos y económicos.
Reiteramos nuestra invitación a los ciudadanos estadounidenses a ejercer su derecho de viajar a Cuba, como al resto del mundo, y a las compañías de este país a aprovechar en igualdad de condiciones las oportunidades que Cuba ofrece.
El Secretario de Estado y yo hemos ratificado el interés en normalizar los vínculos bilaterales, reconociendo que este será un camino complejo y largo que demandará de la voluntad de ambas partes.
He reiterado al señor Secretario de Estado la voluntad del Gobierno Cubano de avanzar en el proceso hacia la normalización de las relaciones con los EEUU sobre la bases de respeto e igualdad soberana, sin menoscabo a la independecia y la soberanía de Cuba y sin injerencias en nuestros asuntos internos.
Es cierto que existen diferencias profundas entre los Gobiernos de Cuba y de EEUU, en cuanto a nuestras concepciones sobre el ejercicio de los Derechos Humanos por parte de todas las personas y en todo el planeta; y también en temas de Derecho Internacional, las cuales inevitablemente persistirán. Pero estamos convencidos de que ambos podemos cooperar y cohexistir de manera civilizada sobre la base del respeto de estas diferencias y el desarrollo de un diálogo constructivo orientado al bienestar de nuestros países y pueblos del continente y del mundo.
He transmitido al Secretario de Estado que será bienvenido en La Habana con motivo de la ceremonia de reapertura de la Embajada de EEUU, así que le estaré esperando, señor Secretario, en cualquier momento, y le agradezco su hospitalidad en Washington. Muchas gracias.
Bruno Rodríguez y John Kerry en el Salon Benjamin Franklin, del Departamento de Estado. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Bruno Rodríguez y John Kerry en el Salon Benjamin Franklin, del Departamento de Estado. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Bruno Rodríguez y John Kerry en el Salon Benjamin Franklin, del Departamento de Estado. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Bruno Rodríguez y John Kerry en el Salon Benjamin Franklin, del Departamento de Estado. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Bruno Rodríguez y John Kerry en el Salon Benjamin Franklin, del Departamento de Estado. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Los periodistas en el Salon Benjamin Franklin del Departamento de Estado durante la conferencia conjunta entre Bruno Rodríguez y John Kerry. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Cuba y EEUU ya tienen Embajadas

La Embajada de Cuba en Washington, en una imagen de este domingo, cuando se ultimaban detalles para la apertura oficial. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
La Embajada de Cuba en Washington, en una imagen de este domingo, cuando se ultimaban detalles para la apertura oficial. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Desde las 00:01 de la madrugada de este lunes 20 de julio en las capitales de Cuba y Estados Unidos, que comparten el mismo huso horario, abrieron oficialmente las embajadas de ambos países, después de más de 54 años de que el gobierno de Dwight Eisenhower rompiera las relaciones con la Isla y John F. Kennedy poco después levantara el bloqueo más largo de la historia contra una nación.
Pero a partir de las 10:33 de la mañana de este lunes, volverá a ondear la bandera cubana en una de las más hermosa mansiones de la capital de Washington, la marcada con el número 2630 de la Calle 16 en el barrio Adams Morgan. Aquí se concentrarán a esa hora unos 700 invitados y periodistas que asistirán a la ceremonia de apertura oficial de la Embajada de la República de Cuba.
La casona es calificada por el Registro Nacional de Plazas históricas de Estados Unidos como “una de las residencias más imponentes y enigmáticas” de la capital estadounidense.
El conjunto arquitectónico de tres pisos en piedra caliza sobresale por su imponente fachada con dos torres, pero sobre todo por la escalinata interior de mármol rematada por una cúpula con un bello vitral.
En la planta principal de la construcción, seis puertas laterales conducen a oficinas y sobre cada una de ellas, está el escudo de las seis provincias en que estaba dividida Cuba en la época en que se construyó la mansión.
Estas provincias son Pinar del Río, La Habana, Matanzas, Santa Clara, Camagüey y Oriente, cuya silueta recuerda las casonas del aristocrático barrio habanero del Vedado.
La Legación de Cuba en Washington fue convertida en embajada en 1923, en la época de la administración del entonces presidente cubano Alfredo Zayas (1921-1925). El edificio estuvo cerrado por un breve tiempo al romperse relaciones tras el golpe de Estado de Fulgencio Batista (1940-1944, 1952-1959) en 1952.
Funcionó como misión diplomática hasta el 3 de enero de 1961, cuando Washington decidió romper los lazos con el naciente gobierno revolucionario. 
La bandera cubana ondeando nuevamente en la ciudad de Washington a partir de este 20 de julio, significa el inicio de una nueva etapa entre las dos naciones hacia la normalización de sus relaciones. Pero las dos partes coinciden en que esta segunda fase de negociaciones será más larga y compleja que la precedente, aquella que concluye hoy con la apertura de embajadas y el restablecimiento pleno de las relaciones diplomáticas.
La ceremonia oficial de apertura solo tendrá lugar en la misión diplomática cubana. El gobierno de Barack Obama no ha fijado la fecha para su celebración, también al más alto nivel diplomático, en su sede habanera.
El ministro de Relaciones Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, es el primer canciller de la isla que visita oficialmente Washington desde 1959, y el jefe de la delegación cubana a la ceremonia de apertura en la capital estadounidense.
Después del acto esta mañana, se reunirá con su homólogo, el secretario de Estado John Kerry, en el Departamento de Estado. En ese edificio, también desde las primeras horas de este lunes, se ha desplegado una bandera cubana junto con todas las demás de los países con los que EEUU mantiene relaciones diplomáticas.