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martes, 7 de junio de 2016

Los cohetes yanquis contra la casa de Mario


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En medio de uno de esos bombardeos de la dictadura de Batista contra la población civil, Mario Sariol, campesino de la Sierra Maestra, se hallaba en el secadero de café, algo lejos de su bohío. Al regresar a su casa, no había vestigios de su familia. Todo lo encontró arrasado

El revés de las fuerzas revolucionarias en la Huelga del 9 de abril de 1958 envalentonó a la tiranía batistiana. Con la asesoría de la misión militar norteamericana, organizó una ofensiva contra el Ejército Rebelde en la Sierra Maestra, denominado el Plan F-F, cuyo objetivo principal era la captura o muerte de Fidel y la total destrucción de la guerrilla en la zona de operaciones.
Para llevar a cabo dicho plan avanzarían simultáneamente hacia la zona controlada por los rebeldes catorce batallones de combate, siete compañías independientes, una compañía de tanques medianos y ligeros, y una batería de obuses de 75 milímetros, apoyados por la aviación, que garantizaría las misiones de bombardeo, transporte, exploración y comunicaciones. Además la costa sur fue cubierta con un destacamento naval integrado por cinco puestos navales, tres fragatas, tres guardacostas, una barcaza para desembarco de tropas y otras embarcaciones menores. En un principio, de siete mil efectivos constaba la ofensiva batistiana, llegando incluso a diez mil hombres los que participaron directamente en las operaciones contra el Frente No. 1 José Martí.
Desde el 29 de mayo de 1958 las unidades batistianas comenzaron a avanzar desde Buey Arriba, Bartolomé Masó y la costa sur. La defensa elástica del Ejército Rebelde, a base de emboscadas de hostigamiento escalonadas, según la planificación de Fidel, las obligó a una marcha lenta, agotadora y costosa, a pesar de contar con un fuerte apoyo aéreo, cuyo objetivo no solo era bombardear las supuestas posiciones de los guerrilleros, sino a toda comunidad o bohío aislado que existiera en la zona.
Aunque en más de una ocasión Washington, a través de su departamento de Estado, había “mostrado preocupación” por las continuas violaciones a los derechos humanos del régimen batistiano, por otro lado el Pentágono seguía suministrándole asesoría, armas y bombas al ejército y la policía del tirano para combatir la insurrección popular armada.
En medio de uno de esos bombardeos contra la población civil, el 5 de junio de 1958, Mario Sariol, campesino de la zona, se hallaba en el secadero de café, algo lejos de su bohío. Al regresar a su casa, no había vestigios de su familia. Todo lo encontró arrasado. No revisó la vieja mina de manganeso, donde su esposa y cinco hijos se habían refugiado y no se animaban a salir.
Mario fue a ver a Fidel al campamento rebelde. Le mostró fragmentos de metralla y cohetes, en algunos de los cuales podía leerse la inscripción USAF (United States Air Force). La indignación de todos fue incontenible. Ese mismo día, en un mensaje dirigido a Celia Sánchez, el líder de la Revolución expresaría:
Sierra Maestra
Junio 5-58
Celia:
Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero.
Fidel

jueves, 9 de julio de 2015

Releyendo una carta de Fidel: La casa de Mario

Fidel Castro en la Sierra Maestra, en 1958.
Fidel Castro en la Sierra Maestra, en 1958. Foto: Archivo
Cuando se abría el ascensor en el tercer piso del periódico Granma uno se encontraba con una fotocopia ampliada de una carta de Fidel a Celia. No es muy conocida. Es un texto breve y surge enseguida la pregunta: ¿fue el bombardeo a la casa de Mario solo eso?
Sabe y ha comprobado que la Base Naval norteamericana suministra día a día municiones a la aviación de Batista para bombardear a la Sierra Maestra (considerado el escenario principal de la guerra), quemar casitas, ametrallar a campesinos, porque los imaginan colaborando, mezclados con los rebeldes alzados en la manigua… ametrallamientos, desalojos, combates, cosas naturales que pasan en la guerra.
¿Quién es ese Mario? Recuerdo la letra inconfundible de Fidel, seguir el texto y la impresión que me causó. Ese día Fidel describe su futuro y le escribe a Celia que “al ver la casa de Mario… me he jurado que cuando esta guerra termine” -y aquí está la revelación de sus pensamientos-, le confiesa que echará otra guerra y que la ve como su destino verdadero.
Muchas veces las películas nacen así, sin explicación, sin encargo. Algo prende la chispa y esa era esta carta. Alguien la iba a leer y se iban a desatar las “alarmas” como a mí… Se lo conté a Daniel Díaz Torres, le hablé del texto, fuimos a leerlo y empezamos a imaginar una “expedición” a la Sierra Maestra para encontrar a Mario Sariol, saber toda la historia que provocó y desató esta carta. Fuimos hasta Minas de Frío, visitamos la casa del santaclarero, trepamos por Mompié, pero la Sierra ya era otra Sierra. Mario nos guiaba por aquellos parajes y paisajes intentado acercarse lo más posible a esos días, pero ya habían pasado veinte años.
Conocer, sí conocía la carta pero no le daba la importancia (trascendencia) que nos empeñábamos en señalarle. Recordaba (a cámara): “Sí, era un papelito chiquitico… donde le contaba a Celia” y trataba de no equivocarse.
Sin embargo, no pudo ocultarnos la emoción que le provocaba recordar al jefe guerrillero, que en medio de tantos problemas se ocupaba de él y de su casita destruida por las bombas yanquis. Finalmente nació el documental del ICAIC La casa de Mario” (1978) que recrea esos días. Historia antigua. Tan antigua que a veces se nos olvida.
Cuando Daniel conformó el equipo de la “expedición” (Raúl Pérez Ureta, cámara; José León Cartaya, sonido; Francisco Cordero, asistente de cámara, y yo), intentábamos evocar un episodio de la guerra muy menor desde el punto de vista bélico, pero aquella carta volvía a poner en el día día una influencia, una fuerza, a veces presencia sutil, abstracta otras más, evidente, brutal, hasta llegar al conflicto que atraviesa toda la vida cubana.
La carta sobre la casa de Mario era una historia en singular, de un individuo y de pronto hay un giro que la saca de tono coloquial y de crónica y en cuatro líneas se convierte en compromiso y destino. Claro, sabíamos lo obvio: el cine tiene limitaciones, está el conflicto creativo, lidiar con el lenguaje visual y las palabras y en el documental aún más, porque los límites son más precisos y agudos… No se trata de personajes a los que se les pide “actuar” con una intención. ¿Sortear la tentación de ficcionar? Tal vez. Por eso nos empeñamos en lograr (y no perder) el equilibrio entre la confesión de Fidel y el testimonio de Mario. Privilegiar y garantizar la primacía del testimonio de Mario. Sólo a través de él y la combinación de cuadros de archivo con nuevas tomas de la Sierra planos, lograríamos conseguir, concretar, el objetivo y la ilusión de provocar una vinculación entre las dos acciones, y de paso estimular otras conexiones históricas.
No se qué ha sido de Mario Sariol. Fidel cumplió y ganó aquella guerra y se involucró en su “destino” sin disparar más tiros que los necesarios.
Sierra Maestra, Junio 5-58 Celia: Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que este va a ser mi destino verdadero.
Sierra Maestra, Junio 5-58
Celia: Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que este va a ser mi destino verdadero. Fidel.