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jueves, 2 de junio de 2016

Coherentes, consecuentes

Autor:  | pedro@granma.cu

La Cuba de hoy nada tiene que ver con aquel “palmar vendido, sueño descuartizado, duro mapa de azúcar y de olvido” que tanto le dolió a Nicolás Guillén. Esto que parece obvio no lo es para algunos trasnochados nostálgicos, que pretenden maquillar el pasado mediante delirantes e insostenibles malabarismos estadísticos.
En más de medio siglo de transformaciones revolucionarias, el país ha registrado notables e indiscutibles avances, reconocidos no solo por los amigos sino también por instituciones y personas para nada sospechosas de afinidades políticas o cercanías ideológicas.
Estas realidades no implican que hayamos cumplido nuestras aspiraciones, ni satisfecho nuestras expectativas. No hablemos ya de aquellas fundadas en la lógica de un proceso en permanente construcción, que se ha abierto paso en medio de agresiones, hostilidades y coyunturas adversas, sin descontar errores propios. Agobios, carencias y necesidades se triangulan en la cotidiana existencia de una sociedad que no se arredra y resiste, y lucha por salir adelante.
El mundo  tampoco es el de hace 50 o 60 años. Ni siquiera el de tres décadas atrás. Desde entonces hasta la fecha hemos sobrevivido a la desaparición del orden bipolar, a la peor crisis económica que jamás hubiéramos imaginado, a recurrentes amenazas imperiales, a despiadados intentos injerencistas, a los virus neoliberales que circulan por el orbe y a las imposiciones hegemónicas.
Hay que saber leer ese mundo —el de afuera y el de adentro— y atemperar nuestras estrategias y programas para no perder la brújula y continuar avanzando, como suele decir Raúl, sin prisa pero sin pausa.
Dicho sea esto en atención a dos compulsiones encontradas y extremas. Están, de un lado, los que nos incitan a pisar a fondo el acelerador y apuestan por la restauración capitalista, la desregulación de las leyes del mercado, la teología de la privatización y la naturalización de la desigualdad. Están, del otro, los inmovilistas, los dogmáticos, los adocenados, los acomodados, los inertes; algunos de estos últimos, avezados en las artes del gatopardismo, esa doctrina que propugna aparentes cambios para que nada sea cambiado.
En un reciente ensayo, titulado Problemas del socialismo cubano, el intelectual Fernando Martínez Heredia resume es­te contrapunto a partir de un deslinde conceptual que comparto: “Cuba está entrando en una etapa de dilemas y alternativas diferentes, entre los que sobresalen los que existen entre el socialismo y el capitalismo, teatro de una lucha cultural abierta en la que se pondrá en juego nuestro futuro. El gran dilema planteado es desarrollar el socialismo o volver al capitalismo. No servirá aferrarse meramente a lo que existe, habrá que desarrollar el socialismo. Tampoco debemos creer que el capitalismo será un futuro inevitable, que hasta podría traer progresos consigo: sería regresar al capitalismo. No se está librando una pugna cultural entre el neoliberalismo y la economía estatal: es entre un socialismo que tendrá que transformarse y ser cada vez más socialista, o perecerá, y un capitalismo que ha apostado a acumular cada vez más fuerza so­cial, ir conquistando con sus ilusiones a la sociedad y que se vayan acostumbrando los cubanos a sus hechos, sus relaciones y su conciencia social”.
Si bien es cierto que la naturaleza de ese escenario nos remite a la cultura, aprehendida en su más amplia  acepción, creo pertinente situar en el terreno de la práctica política y económica inmediata ciertas claves para dilucidar la cuestión.
Una de estas claves pasa por la profundización de los mecanismos de participación ciudadana en los debates públicos y su contribución a la toma de decisiones, voluntad que debe ponerse nuevamente de manifiesto durante el proceso que en estos momentos da continuidad al 7mo. Congreso del Partido. El debate amplio y democrático de los documentos programáticos con la militancia del Partido, la UJC, representantes de las organizaciones de masas y de diversos sectores de la sociedad, el cual exige, como lo reclamó el Primer Secretario del Partido, “escuchar, razonar y tener en cuenta la opinión de la militancia y del pueblo en general”, debe conducirnos a asumir conscientemente responsabilidades y compromisos, individuales y colectivos.
Tenemos que aprender a trabajar por conquistar metas me­dibles, posibles, inmediatas, a sabiendas de que otras, de al­cance más dilatado, dependerán de la consistencia con que sepamos consolidar aquellas.
En 1989, Silvio Rodríguez, ante la vista del ya próximo fin de siglo, entonó en una memorable canción: “Pero ahora que se acerca saco en cuenta/que de nuevo tengo que esperar/que las maravillas vendrán algo lentas/porque el mundo tiene aún muy corta edad”. Mas no por ello dejó de clamar: “Venga la esperanza, pase por aquí…”.
Como para saber que mientras todo lo que hagamos se revertirá en ganancias futuras, no podemos darnos el lujo de renunciar a trabajar por mejorar el presente, ahora y aquí, nosotros mismos.
El único modo de hacerlo es siendo coherentes y consecuentes a la vez.

miércoles, 22 de julio de 2015

Cuba y Estados Unidos: que la justicia nos mantenga amigos (+ Fotos)

Silvio Rodríguez publica en su blog este artículo de René Vázquez Díaz, con un grupo de fotos tomadas por el cantautor en Washington y este preámbulo:
René Vázquez Díaz es un narrador y poeta cubano radicado en Suecia. No es la primera vez que su nombre es mencionado en Segunda cita. Hace algún tiempo recomendé La era imaginaria y La isla del cundeamor, novelas que forman parte de una saga apasionante.
Sabiendo que acabo de presenciar como nuestra soberana bandera ascendía al cálido cielo de Washington, me escribe: “…te envío a ti este artículo antes que a nadie. Creo que debe publicarse en Segunda cita…”
Gracias, René. Abrazo de bejucos.
silvio
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Por René Vázquez Díaz
El 20 de mayo de 1902, cuando la República de Cuba nació coja y violentada por Estados Unidos, entre los solemnes discursos pronunciados en La Habana se destacan dos frases de William Jennings Bryan, político populista del Partido demócrata y miembro (junto a Mark Twain) de la entonces llamada Liga Antiimperialista:
“Dios nos hizo vecinos. ¡Que la justicia nos mantenga amigos!”
Pero, como escribió César Vallejo en un poema famoso, esto no fue posible. Hoy ondea en La Habana la bandera de Estados Unidos y por primera vez en la historia de ambos países se abre la posibilidad real de un futuro de buena vecindad. Tanto en mayo de 1902 como en julio de 2015, la clave del fracaso o el éxito de esas relaciones es la palabra justicia.
Aunque se oculte cuidadosamente en la poderosa prensa occidental, Cuba obligó a Estados Unidos a sentarse a negociar. Ese diálogo a pie de igualdad, alcanzado a un precio tan alto y doloroso para el pueblo cubano, constituye en sí mismo una victoria inédita en la historia de las Américas. Uno de los objetivos del bloqueo había sido evitar justamente lo que ahora sucede: el diálogo en bases soberanas. En el pasado, cuando Estados Unidos y sus aliados hablaban de “diálogo” con Cuba, lo que querían decir, en plata, era imponer las condiciones de una inevitable capitulación cubana. Y esto no fue posible.
Tanto para los compatriotas que no tuvieron fe en la fuerza de su propio pueblo, como para los extranjeros que no creyeron que la diminuta Cuba sería capaz de ganarle el pulso a un país tan agresivo, se trata de una victoria que no parecía alcanzable en el transcurso de sus vidas. Para los enemigos profesionales de la revolución, lo que en efecto está ocurriendo es algo inaudito, casi inconcebible, que los pone en una situación vergonzosa e inestable. ¿Cómo serán financiados a partir de ahora?
En el lenguaje elegido por Obama para esconder esta derrota, no se dice que Cuba ha estado (y sigue estando pese a algunas flexibilizaciones) asediada, cercada, perseguida y agredida. Se dice diplomáticamente que Cuba fue “aislada” y que eso “no funcionó”: a una agresión única en nuestra época, por su encarnizamiento y su duración, se le minimiza llamándola “aislamiento”. Pero el problema es que la agresión sí funcionó perfectamente para empobrecer al cubano de a pie y envilecer a los que eligieron convertirse en aliados del agresor. Otro objetivo esencial del bloqueo ha sido impedir que el Estado cubano disponga de dinero para administrar, con éxito, logros como la educación, la salud pública y el cuidado de la niñez. Un objetivo de la prolongada agresión parcialmente logrado fue generar hastío en el espíritu de los bloqueados. Las víctimas de todo asedio terminan por culpabilizar a su propio gobierno de las salvajadas de que son objeto por parte de una potencia extranjera.
La insistencia del Presidente Obama en no hablar de historia para “no ser prisioneros del pasado” es comprensible en un líder que, para poder avanzar, tiene que aunar voluntades contrarias dentro y fuera de su gobierno. Pero no creo que eso contribuya al entendimiento mutuo. Una tras otra, todas las maquinaciones norteamericanas para desestabilizar a Cuba y arreciar las vicisitudes de sus habitantes han sido descubiertas, denunciadas y derrotadas. La historia del entrometimiento y los abusos de la embajada de Estados Unidos en La Habana debería ser una asignatura obligatoria para los nuevos diplomáticos.
Hasta el momento, cualquier personaje insignificante de la República Checa, España o Suecia, por sólo poner tres ejemplos, se miraban al espejo como héroes de una cruzada contra la revolución cubana. Diplomáticos o no, llegaban a la isla en plan de agentes hinchados, sabedores de cómo resolver los problemas de los guajiros de Mayarí o de los cuentapropistas del Cerro. Todavía el sueco Jonas Modig sigue dormido y sin recordar cómo su compinche Carromero, cancerbero del deplorable PP español, cometió un delito de imprudencia temeraria que mató a dos ciudadanos cubanos. El caso de Allan Gross es triste y elocuente. ¿Se repetirá el espectáculo de un James Cason dirigiendo a sus asalariados cubanos como un ridículo cowboy?
Estados Unidos debe ser sumamente cauteloso y no abrir heridas que están muy lejos de cicatrizar. Cuando elija su forma de actuar, la renovada estación de la CIA en La Habana debería tener pie de plomo. El Departamento de Estado ha anunciado que desde la nueva embajada podrá promover mejor “sus intereses y sus valores”. Los pueblos de Cuba y Estados Unidos anhelan cambios que conduzcan a la paz y al bienestar. En Cuba hay muchas cosas que deben cambiarse y los cubanos las están cambiando a su manera y a su propio ritmo, en ejercicio de su soberanía.
El “compromiso” del Departamento de Estado con el pueblo cubano no puede basarse en instituciones ofensivas como Radio Martí ni en las rebatiñas de dólares de la USAID, porque todo eso recuerda demasiado a la doctrina de Robert Torricelli, “to wreak havoc on that island.” En Cuba no es fácil olvidar esa tendencia contraria al derecho internacional y a la decencia, ya que la Ley Helms Burton, vigente aún en su desalmada totalidad, se basa en el espíritu y la obra de Mr Torricelli: devastar esa isla.
Entonces, ¿cuáles son los valores del Departamento de Estado representados por el bloqueo y la Ley de Ajuste? ¿Qué valores defiende Estados Unidos en el atolladero jurídico y humanitario de Guantánamo? Llegó la hora de los cambios. Todo diplomático estadounidense debe saber que la presencia de su gobierno en Cuba tiene una rancia historia con hedor a guajiros desamparados en las guardarrayas, explosiones mercenarias, cubanos de alquiler mendigando en sus jardines y privaciones de todo tipo en lo profundo del pueblo.
No obstante, tratemos de no hablar de historia. Olvidar lo malo, dice Martín Fierro, también es tener memoria. Y lo que todos anhelamos a partir de este 20 de julio no es más intervencionismo ni agresiones que provoquen nuevas luchas de consecuencias imprevisibles, sino más comercio, más cultura y entendimiento; más felicidad y bienestar, de modo que se cumpla la invocación de William Jennings Bryan y la justicia, al fin, nos mantenga amigos para siempre.
Danny Glover saluda a Ricardo Alarcón. Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita
Danny Glover saluda a Ricardo Alarcón. Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita
Nuestra delegación en nuestra embajada. Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita
Nuestra delegación en nuestra embajada. Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita
Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita
Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita
Traté de conseguir uno, pero enseguida se agotaron. Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita
Traté de conseguir uno, pero enseguida se agotaron. Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita
Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita
Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita
El momento. Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita
El momento. Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita
Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita
Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita
(Tomado de Segunda Cita)

jueves, 2 de abril de 2015

Silvio Rodríguez regalará sus canciones en la Cumbre de los Pueblos en Panamá


El cantautor cubano, Silvio Rodríguez, cantará en Panamá durante la Cumbre de los Pueblos, un acto paralelo a la Cumbre de Las Américas, informaron los organizadores de evento.
«El concierto de Silvio Rodríguez está confirmado para la noche del 9 de abril», dijo a la AFP Olmedo Beluche, uno de los organizadores de la llamada Cumbre de los Pueblos.
El autor de composiciones como Ojalá, Sueño con serpientes, Monólogo o Te doy una canción se presentará de forma gratuita para el público en la Universidad de Panamá.
El concierto de Rodríguez, de 68 años, será el primer día de esta cita alternativa a la Cumbre de Las Américas, que reunirá en la capital panameña a más de 3 000 integrantes de movimientos sociales de todo el continente.
«Las canciones de Silvio han expresado durante 40 años la lucha por la independencia de América Latina, la solidaridad y la justicia social», dijo Beluche.
Rodríguez llegará a Panamá con la delegación cubana que participará en esta reunión alternativa. Sus integrantes tienen previsto exigir al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, derogar un decreto en el que califica a Venezuela como una «amenaza» para la seguridad de su país.
La Cumbre de los Pueblos se llevará a cabo del 9 al 11 de abril, mientras que la Cumbre de Las Américas, que reúne a los jefes de Estado y de Gobierno de todo el continente, será del 10 al 11 del mismo mes.
(Con información de AFP)