jueves, 15 de agosto de 2013
¿Un Proceso Revolucionario de Liberación Nacional es posible en Argentina?
¿La política es el arte de lo posible (como una gran parte de la izquierda lo entiende hoy)?-
No, LA POLITICA es el arte de construir una correlación de fuerzas social, política y militar que permita transformar lo que aparece como imposible en este momento, en algo posible en el futuro.(Marta Harnecker en “Fidel, La estrategia política de la Victoria”)
La dictadura cívico militar de 1976, como herramienta del imperio norteamericano para aleccionar a las fuerzas populares que se animaban a cuestionar el poder hegemónico, diezmó una generación de jóvenes militantes-dirigentes en Argentina. Metodología aplicada también en el resto de América Latina, con acciones represivas similares y coordinadas, en el marco de lo que podemos definir como una de las últimas confrontaciones continentales de la llamada guerra fría.
La historia de las resistencias a los poderes dominantes, han sido una constante desde los tiempos de las guerras por la independencia de la colonia española primero, el colonialismo-capitalismo inglés después y el imperio norteamericano ahora.
Guerras civiles intestinas por el poder, expediciones para la apropiación de grandes extensiones de tierra que permitieran desarrollar una economía capitalista y sus clases sociales, guerras como la de la Triple Alianza ó del Chaco, gobiernos al servicio de las potencias de turno, han generado los modos de producción capitalista de la época y condicionaron el actual modelo productivo, variante del sistema capitalista-globalizado actual, subsistiendo regiones donde podemos afirmar la existencia yuxtapuesta de métodos feudales de producción, todo ello también genera resistencias populares en todos los momentos transcurridos.
Expresiones de resistencia popular riegan la historia Argentina, desde las montoneras hasta los piquetes contra el neoliberalismo de los 90, pasando por los anarquistas de finales de siglo XIX, principios del XX, el sindicalismo revolucionario y las organizaciones armadas de los 70, momentos de pico transformador como el de la alianza entre trabajadores y burguesía nacional del 45, que generó grandes contradicciones hacia el seno de la clase trabajadora, pero también en la burguesía nacional, y el actual proceso Kirchnerista, son ejemplo de ello.
En 1983, al agotarse las condiciones socioeconómicas para avanzar sobre las transformaciones neo-liberales de la economía iniciadas con Martínez de Hoz y Videla, se continúa por otras vías, se inicia un período de gobiernos democráticos condicionados por las economías globalizadas de las corporaciones y dependientes, en términos políticos, del Departamento de Estado de EEUU, que logran su pico máximo en los gobiernos de Carlos Menem, donde se destruyen las economías regionales, se desmantela el aparato regulador del Estado como instrumento económico, y se lo desguaza, privatizando su estructura productiva.
Con la desaparición del roll económico-regulador-productivo del Estado, se rompe el entramado social y la estructura productiva nacional y desaparecen los vestigios del mínimo Estado de Bienestar logrado con las políticas de sustitución de importaciones y la promoción del mercado interno como motor de la economía que se habían logrado un lugar, primero con el gobierno de Hipólito Irigoyen y luego en un proceso inédito, con el de Juan Domingo Perón. El gobierno menemista fue el instrumento para terminar la obra de la dictadura cívico-militar del 76 al 83.
Estas transformaciones se producen en nuestra región, producto de las modificaciones que sufre el tablero de ajedrez mundial, Estados Unidos queda como único gendarme mundial al desplomarse el Bloque Socialista encabezado por la URSS, y rápidamente se disemina la idea del fin de la historia y la hegemonía del pensamiento único, y se aboca a desarrollar la apropiación de los yacimientos productivos mundiales de materias primas escasas y próximas a agotarse como el petróleo y el gas, y ¿próximamente será el agua?, en guerras de baja intensidad, que además imponen un nuevo marco político en las regiones actuantes, pero al mismo tiempo generando bolsones de resistencias masivas que le impiden dejar los territorios en guerra y mantener la ocupación en forma permanente, involucrando en ello también a las fuerzas armadas europeas, OTAM, generando conflictos regionales incontrolables que agudizan la crisis económica de los dominadores, teniendo como única opción de acción, nuevas guerras y nuevas ocupaciones territoriales y nuevos genocidios.
Un espiral creciente que no se sabe donde puede terminar, por ahora desarrollándose activamente en el norte de África, el Medio Oriente y Oriente, ante ésta situación no podemos dejar de recordar que las reservas de petróleo y de agua en el cono sur de nuestra América Latina son las mayores del mundo.
Mientras esto ocurre, Rusia queda rezagada en el desarrollo de su economía devenida en capitalista con un avanzado estado de mafiatización político-económica, habiendo perdido el equilibrio de su poder militar en la carrera armamentista con EEUU, pero conservando suficiente poder como para destruir el planeta.
Entre tanto, China transforma su economía en una economía de masas, economía socialista de mercado, invirtiendo en amplias regiones del tercer mundo, captando materias primas de consumo masivo, exportando productos industrializados y lanzados al desarrollo del mercado interno que permita alimentarse a su cuantiosa población. También ha acumulada un importante monto de bonos de la deuda norteamericana, generándole también interdependencia con la economía norteamericana.
La crisis en EEUU y en Europa se agudiza, y no pareciera que pueda resolverse en una guerra inter-imperialista como fueron las primera y segunda guerras mundiales en el siglo pasado ya que aquí no se debate quien se apodera del mercado, el corazón del mercado está en crisis. Ésta puede ser la gran crisis del sistema capitalista, puede ser el inicio de un ciclo crítico que desemboque en transformaciones sistémicas que generen una nueva etapa económica superadora del actual sistema capitalista, si fuera así, no se producirá sin la resistencia de los grandes operadores económicos globales, seguramente que se resistirán a perder sus hegemonías y se volverán más violentos. La instalación de bases militares estadounidenses en la región y en el resto del mundo con participación de sus aliados, podría ser una forma de ir generando esas condiciones represivas y de ofensiva.
Mientras en América Latina, la resistencia de la Revolución Cubana, que sobrevive a las permanentes agresiones imperialistas de los EEUU, supera la caída del muro y el derrumbe de la URSS, y resurge de la crisis de abastecimiento tras el denominado “período especial”, sin abandonar el socialismo y su política de impulsar y apoyar a las fuerzas populares y revolucionarias del mundo, se convierte en el símbolo de la construcción de una nueva etapa política en América, de fuerte resistencia al neoliberalismo imperante, que se inicia en la Venezuela con el ascenso de Hugo Chávez al poder, el Estado Plurinacional de Bolivia de Evo Morales y la Revolución Ciudadana de Rafael Correa, como primera línea que asumen un enfrentamiento económico y político a la hegemonía norteamericana en la zona, la transformación del Mercosur de un mercado común a un instrumento regional de cooperación, desarrollo e integración económica y política, donde otro eje de países, Brasil, Uruguay y Argentina, sin plantearse un cambio de sistema, se enfrentan a las políticas norteamericanas y en conjunto, la región pone un freno a las aspiraciones hegemónicas imperiales en el Sur, enterrando el ALCA en la memorable reunión de la IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata, en noviembre de 2005.
El imperialismo, ante éste resurgir de la unidad política en lo que denominan “su patio trasero”, no se queda quieto, contra-ataca con la instalación de bases en la región, golpes de estado como los de Honduras y Paraguay, el impulso de la Alianza del Pacífico y los acuerdos de Colombia con la OTAN, entre otras acciones, teniendo seguramente, tras la muerte del Comandante Hugo Chávez Frías, y en las acciones desestabilizadoras de las oligarquías venezolanas, una injerencia y una acción directa con la intención de desestabilizar la región, no podemos considerar casuales tampoco los movimientos de las clases medias urbanas incentivadas desde las organizaciones políticas cooptadas por las estructuras dependientes de la NED (National Endowment for Democracy), la USAID (Agencia De Cooperación al Desarrollo del Gobierno de EEUU), la CIA y la pléyade de ONGs y Fundaciones diseminadas en nuestros territorios, en conjunto con las corporaciones mediáticas (punta de lanzas en las agresiones a los gobiernos progresistas y socialistas de la zona), como ocurrieran tímidamente en Buenos Aires o con la fuerza que irrumpieron en Brasil en junio del 2013, con la intención de generar una “primavera” que desestabilice a los principales soportes económicos de la región: Brasil, Argentina y Venezuela.
Ante el avanzar de las fuerzas progresistas, el Imperio responde con la fundación de la Alianza del Pacífico entre Chile, Perú, México y Colombia, que se proponen formar un mercado común que apunte a exportar e integrar cadenas productivas al Pacífico Asiático y a los EEUU. Sumando elogios desde Europa, se intenta contraponer a las políticas de integración regional como Mercosur, Alba, Celac, desde lo económico como desde lo político, sin dejar de mencionar los golpes en Honduras contra el presidente Manuel Zelaya ni contra Fernando Lugo en Paraguay, ni las recientes denuncias efectuadas por el contratista de la CIA, Edward Snowden, del espionaje global a las comunicaciones.
La adecuada definición de la etapa histórica que se transita, es fundamental para decidir las acciones y políticas a seguir en la construcción revolucionaria, la lucha contra el imperialismo debe ser continental, además la experiencia regional nos lleva a pensar que la contradicción del sistema hoy se desarrolla entre “regionalización/globalización”, y se da a pleno en América y el Caribe.
La incorporación de Venezuela al Mercosur, es una suma estratégica, no solo por su producción y reservas petroleras, sino también que constituye una bisagra política y económica entre el Mercosur y los países del ALBA.
Las conversaciones sobre la paz en Colombia, que se llevan a cabo en Cuba entre las FARC-EP y el gobierno colombiano, que puedan destrabar el largo conflicto armado y establecer nuevas condiciones políticas en la zona, pondrán seguramente un freno a la intervención norteamericana en la región, debilitándola, el golpe de estado legislativo en Paraguay, no aplacó la resistencia interna, ni pudo hasta el momento, convertirlo en un Caballo de Troya contra el Mercosur, Chile no logra salir de la transición post Pinochet, siendo un baluarte de las políticas neoliberales, pero con grandes contradicciones hacia su interior, a pesar de esto, en términos económicos la región está equilibrada frente a la crisis internacional y está firme en el desarrollo de un ejercicio político autónomo e independiente frente a los Estados Unidos.
Podríamos decir que en Latinoamérica y el Caribe se está en una plena disputa política y económica lideradas por el eje Cuba-Venezuela-Ecuador-Bolivia, acompañados activamente por Argentina-Brasil-Uruguay-Nicaragua, y que éste accionar tiene reacciones directas desde el poder económico-político global, liderado por los EEUU de Norteamérica, principalmente desde el fracaso del ALCA
Es en éste contexto que la pregunta: ¿un proceso revolucionario de Liberación Nacional y Social es posible en la Argentina?, toma cada vez más vigencia. Si coincidimos que el modo de producción capitalista está llegando a su etapa final, que la única forma de salir de la dependencia económica no será recreando el modelo capitalista de bienestar que está en total crisis en Europa y EEUU, la respuesta debería de ser que sí, que se debería impulsar una mayor integración regional con los bloques de países que iniciaron una recuperación de los recursos productivos propios, adoptan una independencia en la toma de decisiones, ponen a las clases dominadas en el eje de la política haciendo una poderosa redistribución de los ingresos nacionales, incorporan al consumo de bienes, salud y educación a miles de desplazados, integrando a la sociedad incluso a naciones aborígenes que habían sido invisibilizadas y súper-explotadas por las clases dominantes regionales.
Argentina no se ha caracterizado por plantearse la unidad en la lucha, cuando se coincidió, se avanzó, el Cordobazo en 1969 encontró a las fuerzas sociales en una lucha unitaria, generando un círculo creciente de poder popular que terminó derrocando la dictadura de Onganía y sucesores, llevando al gran triunfo de las elecciones de 1973 con Cámpora al gobierno, entrando a disputar realmente el poder, y cuando las organizaciones revolucionarias lo comenzaron a entender e intentaron iniciar un proceso de acción común, fue cuando ya la reacción las tenía acorraladas, y derrotadas, tenemos que tomar esas experiencias.
Si observamos la historia de las revoluciones, podemos afirmar que se llevaron a cabo en un proceso de unidad de los sectores más avanzados en la lucha. La Revolución Rusa de 1917, la Revolución Nacional de 1952 en Bolivia, la Revolución China, el Movimiento 26 de Julio en Cuba, el Frente Sandinista en Nicaragua, la Unidad Popular de Chile, Vietnam, como ejemplos, más allá de los resultados posteriores, que dependen también de cómo se enfrenta la reacción del imperio ante éstos hechos y se dan las organizaciones internas para construir un sistema diferente al imperante capitalismo y la resolución de las contradicciones hacia el seno de los pueblos en el desarrollo de ésta construcción.
Recordar que José Martí, el Apostol Cubano, funda el Partido Revolucionario Cubano (PRC) el 10 de abril de 1892, como partido único para dirigir las luchas por la independencia y la liberación del yugo imperialista, genialidad política retomada por Fidel Castro en el siglo XX como continuidad histórica. Martí, con total visión, captó como nadie que el enemigo más peligroso de los cubanos era la falta de unidad, y Fidel, como unirlos para triunfar. Podemos trasladar esa idea a nuestra tierra.
Ya Lenin, en los albores de la Revolución Rusa, recomendaba la disciplinada construcción de un nuevo tipo de partido, priorizando en la acción de las masas y la formación de cuadros, haciendo también eje en la propaganda y la prensa revolucionaria.
Hoy el gobierno Kischnerista ha planteado concretamente que cree en un capitalismo humano, falacia total, dentro del capitalismo no hay salida para las clases dominadas, y el peronismo cree en la coexistencia de las clases sociales y en la alianza entre los trabajadores y el capital nacional, de ello éste gobierno no reniega.
El actual gobierno lleva adelante una política reformista, que al intentar incluir en el mercado de consumo a grandes sectores de la población (excluidos masivamente desde las políticas económicas impulsadas desde la dictadura cívico-militar del 76 y brutalmente en la década del noventa por el peronista Carlos Saúl Menem), impulsando el mercado interno antes de privilegiar la inversión externa y el giro al exterior de las utilidades, produce reacciones desde los sectores afectados, pero también se ve limitado a llevar cambios profundos para no tocar intereses de aliados económicos, como ocurre en el área de los ferrocarriles, subtes, el transporte en general, la cuestión de la propiedad de la tierra en las provincias, el control del comercio exterior, el sistema tributario, la transformación de las fuerzas policiales federales y provinciales, la reforma política, la matriz de la empresa estatal de producción y servicios, la eliminación de las tercerizaciones, la corrupción, etc., que produce tensiones hacia el interior de las fuerzas sociales que lo apoyan y en aliados objetivos que se vuelcan a la oposición política al no encontrar soluciones y propuestas a sus planteos, incluso haciéndole el juego a sus enemigos de clase con ésta oposición.
Tampoco podemos negar las contradicciones que se le generan hacia el interior del gobierno por las medidas de carácter nacionalistas que han tomado: nacionalización de la mayoría del capital de YPF, ruptura con la dependencia del FMI al pagarse y reestructurarse la deuda externa, nacionalización de Aerolíneas Argentinas, re-estatización de las jubilaciones, nueva ley de medios, retenciones a los comóditis, control sobre la compra de moneda extranjera y el control de los giros al exterior, y medidas de corte social-popular como la asignación universal por hijo, las cooperativas de trabajo para desocupados, el aumento del presupuesto de educación, los subsidios de los planes trabajar, los apoyos económicos a empresas para desarrollar inversiones productivas, etc., impulsando una política exterior latinoamericanista y contra hegemónica, desarrollando la CELAC, UNASUR, MERCOSUR.
Estas medidas produjeron encontronazos con los Estados Unidos y en el país una poderosa oposición de los sectores más reaccionarios y pro-imperialistas de la sociedad, liderados por la sociedad rural y las corporaciones económicas y mediáticas, es decir las clases dominantes y responsables del genocidio del 76 y de la implementación de las políticas neoliberales de los 80 y 90, pero también son los mismos sectores que diseñaron desde la colonia hasta nuestros días un país agro-exportador y dependiente, son la clase dominante histórica, son los serviles de las políticas imperiales, en definitiva, son el enemigo de las clases populares, de los trabajadores, de los pequeños productores de la ciudad y el campo, de los asalariados, del sujeto social que podemos definir como “los desposeídos del poder”
Hoy las clases dominantes buscan como volver a controlar la totalidad de los resortes económicos y sociales, para colocar nuevamente el país al servicio de los intereses norteamericanos. No encuentran como seducir a la masa con un líder que les sirva como clase dominante, y mantenga controladas las reacciones del pueblo, no quieren otro 21 de diciembre del 2001, aunque logran cooptar dirigentes progresistas, dividiendo el campo popular (De Genaro, Lozano, Hagman, Donda, Ripoll, Maffei, Juez, Stolbizer, Solanas, Macaluse, Roy Cortina, Micheli, etc.), incluso en el mismo peronismo han provocado que los sectores más reaccionarios y algunos sumados en los años 90 se incorporen a las filas opositoras, (Peronistas Ortodoxos, Duhalde, De Narvaes, CGT azul y blanca, Moyano, Massa, etc.). Esta política genera una figura sinónimo de anti-neoliberalismo, el Kirchnerismo, forzando una polarización de fuerzas no real en términos de clase. Esta división de las fuerzas peronistas, fruto de las contradicciones propias de la época que estamos atravesando, es una forma de división de aguas en el movimiento político nacional y popular argentino más representativo numéricamente, generando mayor claridad en la visualización de quienes aportan al cambio de época y quienes quieren retornar al pasado de dominación neoliberal, efecto no deseado en los dueños del poder real.
Es para la derecha argentina una construcción coherente la de oponer al Kirchnerismo, por los objetivos no cumplidos de su modelo de gobierno, a sectores progresistas, y al mismo tiempo, oponiendo al denominado “modelo” a los sectores oligárquicos, exportadores, monopolios, clases medias manipuladas mediáticamente, por lo que han realizado en aras de construir una sociedad con mayor inclusión social. Todos en una misma bolsa opositora, siendo esto funcional al imperialismo, que sin dudarlo lo alienta sin disimulo desde su embajada en Buenos Aires y ONGs pagas por las agencias internacionales diseminadas por el mundo creadas y financiadas por el Departamento de Estado Norteamericano, la USAID, la NED y la CIA, como la Fundación Libertad, Fundación Pensar, Cadal, Unoamérica, y tantas otras.
En ésta etapa de disputa política, no estaría mal recordar dos frases de Lenin:
“la revolución puede madurar, pero pueden ser insuficientes las fuerzas de los creadores revolucionarios de este viraje para llevarlo a la práctica, en cuyo caso la sociedad se pudre, y esta putrefacción dura, a veces, decenios enteros”
“no toda situación revolucionaria origina una revolución, sino tan solo la situación en que a los cambios objetivos…. se agrega un cambio subjetivo, a saber: la capacidad de la clase revolucionaria de llevar a cabo acciones revolucionarias de masas suficientemente fuertes para romper o quebrantar el viejo gobierno, que nunca, ni siquiera en las épocas de crisis, “caerá”, si no se le hace caer.”-
Existen condiciones “objetivas” para avanzar en la construcción de una Revolución Nacional, Popular y Antiimperialista, en Argentina, como en América Latina, estas condiciones de “que los de arriba no puedan (gobernar) y los de abajo no quieran (que los gobiernen otros)” como lo marca Lenin deben ir acompañadas de cambios “subjetivos” que deberán ser llevados a cabo por una vanguardia estrechamente vinculada y visible para los sectores populares y que la movilización social motive la organización para la lucha.
Pero ésta lucha debe ser por el poder, por espacios de poder que lleven a construir una fuerza que profundice la disputa actual en camino a la toma total del poder. Pero aquí debemos tener en cuenta la existencia de un poder local, sumiso a un supra-poder global, el imperialismo norteamericano, y que esa lucha debe ser en ambos planos, el local y el internacional, en lo internacional la lucha en la región (América Latina y el Caribe) es fundamental, ya que podríamos afirmar que en el mundo globalizado la contradicción se daría entre lo global (imperialismo como fase superior del capitalismo) y la región(construcción desde la cooperación entre los pueblos, solidaria, en comunidad, destinada a eliminar las desigualdades sociales y económicas del área, como también las asimetrías en el desarrollo productivo de los países), caracterizando a la lucha regional como anticapitalismo en transición a otro sistema distributivo, equitativo, justo y solidario (El Comandante Hugo Chávez Frías lo definió como el Socialismo del siglo XXI)
Es evidente entonces que ésta construcción regional de disputa del poder, debe ser estratégica y definir desde ese lugar la construcción local, que deberá, en su táctica y estrategia, desarrollar en la Argentina un proyecto que apuntale la lucha regional contra el imperialismo en consonancia con la lucha por el poder en nuestra tierra.
Definir el enemigo es fundamental. Si no, cualquiera que disienta en algún tema o punto, puede ser tratado como “el enemigo”, eso lleva a construir sectas de puros como ha ocurrido en estos últimos años en la izquierda, pero también debe ser considerado ello en los sectores más avanzados del Kirchnerismo que fijan hoy las condiciones de gobernabilidad.
Gran responsabilidad le cabe al “Kirchnerismo” en ésta construcción, el enemigo lo tiene más claro que las fuerzas progresistas, de allí su lógica de querer generar el falso antagonismo “Kirchnerismo-Antikirchnerismo” para mantener la división del campo popular.
Necesitamos construir un pacto de lucha unitaria contra el poder. Fidel Castro Ruz, inició la lucha por el poder en Cuba luego del asalto al Cuartel Moncada con solo tres ideas fuerza:
• Un Programa de Gobierno Antiimperialista.
• Una Revolución Justa y Necesaria.
• la Unidad de los Revolucionarios.
Cuba es un legado viviente de lucha y resistencia que nos ha posibilitado hoy éste renacer latinoamericanista, sigamos el ejemplo de esa generación de luchadores que con brillante claridad marcó un camino.
Es necesario reencontrar al compañero de ruta, acordar un programa, conformar esa vanguardia que desde el pueblo dé el combate en todo sentido, hoy la batalla de ideas es fundamental, es cara a cara, es en los medios, es en la difusión permanente del pensamiento revolucionario y el contacto permanente con los sectores populares donde se define ésta lucha. “Lucha de Calles – Lucha de Clases”, titulaba y desarrollaba un libro editado en 1973, “Las ideas que no se conocen, no luchan” afirma la FELAP (Federación Latinoamericana de Periodistas), podríamos sintetizar: la lucha de clases se gana en las calles, dando a conocer las ideas de la Revolución, con un programa antiimperialista y la unidad de los revolucionarios para lograr una Revolución Justa y Necesaria.
En ésta batalla de las ideas es fundamental derrotar la dispersión de los sectores populares y de las organizaciones que se definen antiimperialista, el gran triunfo actual de la derecha y la reacción es mantener esa dispersión, crear falsas dicotomías impulsadas desde las corporaciones mediáticas, aprovechando el ego de los pequeños dirigentes, convenciéndolos que siendo cabezas de ratón los potencia más que siendo cola de león.
La tristeza de ver dirigentes progresistas, antiimperialistas, cediendo convicciones, cambiando de vereda, revolcándose junto a quien antes habían denostado genera también, por un minuto de fama en programas de TV hechos a medida por los dueños del poder, dispersión en las masas, dando la idea de que todo es lo mismo, que nada vale la pena, ésta también debe ser una batalla cultural a ganar por el campo popular, donde lo mediático sea superado por la acción, por la construcción de un proyecto que no solo tenga lindas palabras, sino que exprese el Que, el Cómo y el Para Quien se desarrollan.
En la década del 45 al 55 del siglo pasado, las oligarquías y los EEUU plantearon la falacia del Peronismo – Antiperonismo, hoy pretenden reeditarlo con el Kirchnerismo – Antikirchnerismo, no debemos caer nuevamente en la trampa.
Las fuerzas populares, definidamente antiimperialistas deben encontrarse a debatir un programa y condiciones para llevarlo a cabo, construyendo el definitivo Movimiento Nacional Popular y Revolucionario que supere los falsos antagonismos, y en ello todos los dirigentes tiene responsabilidad de llevarlo a cabo, en el barrio, en el barro, decíamos: “barajar y dar de nuevo”, no hay lugar en éstos tiempos en que el imperialismo viene por todos y por todo al divisionismo, discutir un programa que contenga medidas como:
• Reforma de la Constitución. Definición del rol del estado impulsor de la economía, la salud, la educación y la sustentabilidad del medio ambiente en armonía con la producción y las necesidades de la población. Establecimiento de la propiedad social. Reforma integral del Poder Judicial. Reforma del sistema político y electoral.
• Nacionalizar el comercio exterior.
• Nacionalización total de los recursos energéticos (Petróleo, gas, carbón, energía hidroeléctrica), impulsando la creación de empresas regionales para el desarrollo con YPFB, PDVSA, PetroBras, etc., desvinculándose totalmente de las inversiones de empresas monopólicas provenientes de EEUU y Europa.
• Nueva ley de entidades financieras, el dinero en los bancos privados, estatales y cooperativos al servicio del proyecto de desarrollo de la Nación, controlados, orientados y dirigidos por el Estado. Nacionalización de la Banca.
• Reforma Agraria, expropiación de las tierras de los latifundios y empresas extranjeras, respeto a las tierras de los pueblos originarios, cooperativización de la producción, control y planificación de la producción agropecuaria y su industrialización.
• Sistema educativo que abarque la totalidad de la población, obligatorio hasta los 16 años, escolaridad de doble turno. Campaña nacional de alfabetización. Desarrollo de las escuelas técnicas industriales. Crear la infraestructura necesaria.
• Sistema de salud integral nacional. Sistema que abarque desde el barrio, con la atención de la familia, hasta la alta complejidad, desde lo local, lo regional y la estructura nacional. Desarrollo de la infraestructura necesaria para una salud abarcativa y universal de toda la población.
• Sistema integrado de comunicación nacional: Vías Férreas, Vías Navegables, nacionalización total de los puertos, rutas terrestres y aéreas. Reconstrucción y plan integral del ferrocarril y recupero de la Marina Mercante del Estado y de la Industria Naval.
• Reformar las leyes impositivas integralmente, donde los que más tienen más paguen, eliminando el actual sistema regresivo que tenemos. Generar una matriz distributiva equitativa de los ingresos nacionales.
• Plan Nacional de Construcción de Viviendas.
Un programa mínimo de 10 puntos. Esto implicaría una sociedad movilizada, unida tras objetivos nacionales que transformarían la realidad, y permitiría resistir el embate de las derechas, las oligarquías y el imperio, por lo que la unidad de los dirigentes, luchadores antiimperialistas, cuadros militantes, organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles y políticas, sería la única forma de lograr romper las vallas de lo imposible, para construir un mundo mejor, que si se dieran éstas condiciones, es posible.
Esta sería una gran batalla cultural, ir construyendo una nueva manera de ver la realidad, cambiar el individualismo por la visión colectiva.
El definitivo Movimiento Nacional Popular y Revolucionario requiere de la voluntad política de todos los actores, que deberían abandonar ideas hegemonistas, sus egos personales, y jugarse por la construcción colectiva en aras de las transformaciones que Argentina y la Patria Grande necesitan.
La pregunta está lanzada: ¿Un Proceso Revolucionario de Liberación Nacional es posible en Argentina?, la respuesta la tiene cada uno de los dirigentes, militantes, cuadros, que trabajan en los distintos frentes, de las distintas organizaciones, desde lugares de gobierno, desde lugares de oposición, siempre desde el antiimperialismo, rompiendo con las falsas antinomias que nos han impuesto.
Alberto Más
13/08/2013
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1 comentario:
EXCELENTE ARTICULO DE ALBERTO MAS QUE CONSIDERA LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA ARGENTINA PARA LOGRAR UNA VERDADERA INDEPENDENCIA
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